Arqueología “drive-thru”

Por: Eduardo Arias, @AriasVilla, Escritor y periodista

Por Publimetro Colombia

Hace poco más de 50 años (1962, para ser exactos), Bogotá entró en la era de la cultura pop, y lo hizo por la puerta grande: el CremHelado de la Avenida Caracas con calle 30. Los bogotanos, recién despabilados de los efectos del 9 de abril, la Violencia conservadora y la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla, veían llegar a su aún muy provinciana ciudad el primer restaurante de autoservicio de comidas rápidas, un establecimiento que ponía a la capital de la República a la altura de cualquier parador de autopista interestatal de Estados Unidos.
Se trataba de una edificación de aire muy moderno para la época -años de arquitecturas redondeadas estilo Los Supersónicos-, ubicada en Teusaquillo, un barrio tradicional de casas de ladrillo del denominado estilo inglés. Pero la gran novedad del restaurante no era su diseño sino que estaba rodeado por un gran parqueadero en el que  los carros se parqueaban frente a unos citófonos desde los cuales se hacía el pedido. Las bandejas llegaban al carro y la pareja o la familia que lo ocupaban comía ahí mismo. Como en aquellos tiempos la norma eran los gigantescos Fords, Chevrolets, Buiks, Pontiacs, De Sotos, Studebakers y demás prodigios de Detroit y alrededores, comer dentro del carro no era tan incómodo como podría suponerse en esta época marcada por modelos mucho más compactos.
Los que preferían ingresar al local también pedían sus hamburguesas y sus malteadas a través de citófonos. Se trataba de un sitio tan moderno que parecía irreal. Un lugar muy acorde con las modas go-go y ye-ye que imperaban en los primeros 60s.
Ir al CremHelado era un plan digno de crónica. No se iba al CremHelado todos los días. Era un lugar que se reservaba para las grandes ocasiones. Pero con el paso de los años pasó la novedad.  Teusaquillo, La Magdalena y La Soledad dejaron de ser barrios residenciales. Además, la movida hippie y seudohippie se había afincado ya en Chapinero y la Carrera 15, así que el CremHelado se convirtió poco a poco en un restaurante al que iban más que todo oficinistas que trabajaban en la zona.
En 1995, luego de varios intentos vanos por mantener viva la tradición y del deterioro en que cayó la Avenida Caracas gracias a la abominable Troncal que mandó construir don Andrés Pastrana Arango, el restaurante cerró sus puertas. Una firma constructora compró el lote. En la mitad norte del predio construyeron un gran edificio de casi 20 pisos de altura con vista a la mitad sur, donde aún quedan marcadas en el pavimento las huellas de la otra mitad del mítico restaurante.

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