Boricua

Por: Nicolás Samper/@udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

La muerte se encarga de revivir recuerdos y de darles vida de nuevo a las caras que teníamos refundidas en la papelera de reciclaje cerebral. Paradójico, pero más cierto que decir que hoy es lunes. El punto final de la vida de alguien para muchos es el punto de partida inicial para conocer la vida del que se fue.

José ‘Boricua’ Zárate era un defensor central sumamente duro, de una fortaleza sin igual. No contaba con la claridad de salida que sí tuvieron –por poner un par de ejemplos– Andrés Escobar, Nolberto Molina o Iván Ramiro Córdoba. No. ‘Boricua’ era de esa maravillosa raza de zagueros que les gustaba más ir de cacería a las canillas del adversario, de pronto porque ahí estaba su virtud: era difícil romperle el bulto a una mole de carne gigantesca. En esa siempre ganaba ‘el Boricua’. Su reciedumbre era capaz de asustar a los delanteros más experimentados.

Barranquillero y con una extraña proclividad a los autogoles, hizo una buena dupla con Dulio Miranda en la zaga del Junior, tanto que la selección Colombia requirió 17 veces de sus servicios. Pero no estuvo convocado –como sí pasara con algunos futbolistas en los noventa– para disputar descafeinados partidos amistosos frente a Guatemala y Honduras. Zárate fue uno de los héroes colombianos que alcanzaron el subcampeonato de la Copa América de 1975.

Un equipazo era ese: Zape en la portería; Arturo Segovia, ‘el Boricua’, Miguelito Escobar y Óscar Bolaño atrás, cuidando el arco; Eduardo Julián Retat, Osvaldo ‘el pescadito’ Calero –que agredía en los córners a los rivales con la uña de su dedo meñique, larguísima como antena de radio viejo y previamente afilada para tales menesteres– y Diego Umaña en el medio y adelante, una ráfaga salvaje: Ponciano Castro, Ernesto Díaz y Willington Ortiz.

Me contaba alguna vez Arturo Segovia que en medio de una trifulca muy brava en Asunción durante esa Copa América, que ‘Boricua’ no se le arrugó a nadie. Eran hordas de policías paraguayos y de soldados al servicio de Alfredo Stroessner dispuestos a romperlos a punta de bolillo (hablando de bolillo, él fue el autor del remoquete para Hernán Darío Gómez). Zárate recibió, pero también dejó recuerdos imborrables en las caras de todo aquel que osara agredir a sus compañeros.

Era igual cuando jugaba para Junior, Medellín o Cúcuta: se mataba por su gente. Por eso, cuando llegó la mala hora a su vida, algunos de esos colegas de antaño que él defendió le ayudaban en colectas caseras, en natilleras improvisadas con el fin de recolectar dinero para ayudarle a vivir. No le quedó mucho dinero después de retirarse y el poco que tenía se lo arrancó la diabetes, así como una de sus piernas.

Murió el sábado que pasó por cuenta de las complicaciones que trae consigo la maldita diabetes (mi abuelo decía que era preferible pelear contra el cáncer que contra la diabetes y sufrió de ambas enfermedades). Un paro cardiaco detuvo su andar.

No hubo mucho ruido mediático tras su fallecimiento. Pero no fue una muerte más: se fue uno de los próceres de la Copa América 1975.

Por: Nicolás Samper/@udsnoexisten

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