De prostitutas y dirigentes

Por Nicolás Samper C. @udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

Los dirigentes de fútbol son poco elegantes en la mayoría de los casos. Se les puede ver desabrochados, hablándole a su interlocutor mientras escupe frases y pedazos de pasabocas cada vez que pronuncia su eterna retahíla en cualquier coctel de esos a los que ellos les gusta ir. Sus barrigas arzobispales hacen que los botones de su camisa estén listos para herir, como si de una esquirla se tratara, a cualquiera que esté cerca pues difícilmente resistirán tanta presión adiposa.

Se expresan mal y son amenazantes como en pelea de camioneros. Se odian entre sí por todo. Ven en el otro a su enemigo. No se entiende cómo personajes de esta calaña siguen mandando en el fútbol. Seguramente algunos siguen apoltronados en su puesto porque infunden miedo, porque tienen poder económico, pero les falta el mayor de los activos con el que puede contar un directivo: el respeto. Y el respeto, para desgracia de ellos, ni siquiera puede ser pedido a préstamo por seis meses con opción de compra. Mandan a su antojo, no como empresarios, sino como duros y resentidos capataces que sienten que la obligación es hacer hasta lo imposible por imponer sus designios braveando, presionando, intimidando.

José Fernando Salazar, presidente del Itagüí, decidió por cuenta propia ingresar al hall de la infamia dirigencial. Él estuvo a la altura –toda una paradoja hablar de altura en estos casos– de mostrar su verdadero yo en una conversación en la que confirmó que existe un pacto entre dirigentes para no contratar futbolistas que osen pelear por sus derechos, sino que además decidió calificar a los jugadores de fútbol como prostitutas. Y pensar que Salazar fue jugador profesional…

¿Qué puede pensar el plantel completo del Itagüí del hombre que dirige la institución que ellos defienden en el campo de juego? Si yo estuviera en ese club tendría miedo. En mi conciencia tendría fija la idea de renunciarle a un sujeto así porque no podría respetarlo. Pero tendría miedo de pensar que, por declararme en rebeldía, no podría conseguir equipo en Colombia para jugar. No debe ser fácil hoy ser futbolista del Itagüí. No los envidio.

¿Y cómo se puede criticar a Salazar por sus dichos, si alguna vez un miembro del Comité Ejecutivo de la Fedefútbol –Álvaro González Alzate– tildó al periodista Alejandro Pino de “sicario del micrófono” y dijo, para justificar el show Bolillo Gómez a la salida de una discoteca, que si un hombre le pegaba a Piedad Córdoba, el país estaría aplaudiendo. Si las cabezas se portan así ¿Qué se puede esperar del resto?

Seguramente, hasta que no haya dirigentes con otros perfiles –tipo José Roberto Arango, tipo Felipe Gaitán–, seguiremos viendo a individuos como ellos o como al inolvidable gerente deportivo del Caldas, Duván Vásquez, el mismo que le pegó al jugador Félix Micolta porque el futbolista renunció de manera justificada porque no le pagaban su sueldo.

Esos son nuestros directivos. Después no pregunte por qué nuestro fútbol es así…
 

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