La tecnología y tú

Por Santiago Rivas, @Rivas_Santiago

Por Publimetro Colombia

Es una cosa extraña, la tecnología. Al menos como la entendemos ahora. Hubo una época en que los aparatos se diferenciaban los unos de los otros, incluso existiendo algunos que se denominaron “tecnología de transición”, aparatos que nunca pegaron y a los cuales se les dio muy poco tiempo. El betamax, Nintendo 64, mini-disc, el laser-disc, etc. Recuerdo estos aparatos porque me recuerdan una época en que la tecnología respondía a ciertas necesidades verdaderas, y algunas imaginarias, pero el éxito en ventas de un aparato determinado residía en la cantidad de problemas reales que solucionara.

Ahora toda la tecnología es de transición. Ya se ha hablado hasta el cansancio de la obsolescencia programada, pero no es solamente eso. Siempre ha existido gente apasionada por las comunicaciones y el funcionamiento de los aparatos, como los radioaficionados lo fueron en su momento. Ahora existe gente que dentro de sus aficiones y argumentos de atracción cuenta simplemente “la tecnología”. ¿A qué se refieren? En la mayoría de los casos son personas que llenan sus vacíos con lo que ellos entienden por “estar a la vanguardia”. Básicamente tener el último aparato, siempre de primeros. Se trata de un espécimen en vías de expansión, pues se espera de nosotros que seamos así.

Siendo que la tecnología no es en sí un cúmulo de argumentos, ni una ideología, ni siquiera una idea, no se puede discutir con ella. Se puede, en cambio, aprender de las relaciones que la gente establece con ella, y si algo me queda claro sobre nuestro mundo es que cada vez más los aparatos que gobiernan nuestra vida están siendo diseñados en su forma, funcionamiento y frecuencia más por economistas que por visionarios. Antes cada aparato era un reto, ahora es un accesorio más de esa comodidad que nos asesina, un medio de incomunicación.

El problema, nuevamente, es nuestro. Los aparatos no tienen la culpa y las grandes corporaciones están llenas de gente como nosotros, que cree que está haciendo su trabajo y ya. Pero en estos días en que todo nos vibra, nos suena y nos invita a vivir en sintonía con el mundo entero, el lujo más grande sigue siendo el de siempre: la desconexión. El nivel de vida de las personas se puede medir por el espacio del que disponen para existir, siendo lo más bajo en la escala Transmilenio o un tren en la India, y lo más alto una playa privada en algún país de Europa que nunca pasa a un Mundial de fútbol.

Con el asunto de las comunicaciones es igual. Nos estamos dejando meter en un bus miserable lleno de gente que babea y dice todo lo que se le ocurre, mientras nuestro cerebro pierde la oportunidad de tener un espacio a solas, que en este caso es gratis. Cuando empecemos a darnos cuenta del valor del silencio, tal vez empecemos a pensar en lo que decimos y le ganemos terreno a nuestra eterna ansiedad de consumidores obesos y babosos.

Por Santiago Rivas, @Rivas_Santiago

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