La boca de fuego de "Cheche"

Por Alfredo Yacelga, @AlfredoYacelga

Por Publimetro Colombia

José Eugenio ‘Cheché’ Hernández amenazó recientemente (al parecer en broma) con golpear a aquel periodista que le diga bogotano porque según él no le gusta el olor de esta ciudad, ni “el frío, el ajiaco, la changua, ¡Ni el hablado!”. Esto sería algo sorprendente si se tratara de un profesional serio, pero se convierte en un hecho normal ya que proviene de un personaje que cada vez que abre su boca solo busca generar polémica o quedar bien ante los hinchas del equipo de turno. Es su forma de hacerse popular y aquí van otros ejemplos.

Todavía recuerdo como si fuera ayer la rueda de prensa de aquel viernes 24 de mayo de 2002, organizada por las directivas de Millonarios, en cabeza del entonces presidente Santiago Rendón, en su antigua sede deportiva al norte de la ciudad. Ese día ‘Cheché’ fue presentado como el nuevo técnico azul, pese a su enorme fracaso como DT del Nacional el año anterior. Aparecía como la solución para todos los problemas del club que atravesaba una dura crisis deportiva y económica. Al tomar la palabra frente a los periodistas, la voz se le cortó, los ojos se le aguaron y su primera primera frase fue: “Estoy feliz, porque regreso a mi casa”. Sí, en ese entonces estaba feliz, le gustaba la ciudad, su olor, el ajiaco, la changua y especialmente la plata que se iba a ganar.

Y la afición le creía, porque ciertamente el ‘Cheché’ era un hombre de la casa azul. Nació en Bogotá y se formó en las divisiones menores. Jugó en el primer equipo, sin pena ni gloria, entre 1978 y 1986 año en el que fue transferido al Deportivo Cali. Por eso, con lágrimas de cocodrilo   cayendo por sus mejillas prometió llevar al cuadro azul a la gloria, pero al final hizo una de las peores campañas de la historia embajadora. El 25 de agosto, tras caer 1-0 con Real Cartagena, el equipo ajustó cinco derrotas en línea, 20 jornadas sin ganar como visitante y era último con seis puntos de 24 posibles. Hernández tuvo cinco partidos más en los que no pudo ganar (cuatro empates) y el 29 de septiembre, luego de igualar 1-1 con Once Caldas en El Campín, fue destituido. En 13 partidos solo ganó tres veces, empató cuatro y perdió siete (pobre rendimiento del 25%). Además, en una de sus acostumbradas declaraciones justificó el bajo nivel del equipo diciendo que los jugadores solo comían arroz y huevo, pues no les pagaban su sueldo a tiempo. Una vergüenza.

En 2009 regresó al Deportivo Cali, equipo en el que de nuevo fracasó y tras su eliminación de los cuadrangulares en el torneo del segundo semestre anunció que se retiraba del fútbol. Evidentemente no lo cumplió. Ese mismo año había entregado unas declaraciones en las que insinuaba que el Junior era favorecido ya que el presidente de la Dimayor, Ramón Jesurum era barranquillero. Eso le costó una sanción de cinco fechas y una multa de casi 10 millones de pesos. Pese a esto, el Junior decidió contratarlo en septiembre del 2011 por recomendación de Jorge Luis Pinto, quien renunció para irse a dirigir la selección de Costa Rica. Dicen que el técnico santandereano rompió relaciones con el Cheché luego de unas declaraciones del técnico juniorista en las que decía que no se parecía en nada a su antecesor: “No nos parecemos ni en el carro, él tiene un Mercedes y yo un topolino”.

Siempre habrá que esperar una nueva ‘perla’ del ‘Cheché’ que tiene una Hernández en sus ruedas de prensa. Es normal. Ojalá que esto no genere incidentes en su visita a la capital, dentro de algunas semanas. Todos deben entender que es su opinión y que como tal es muy respetable. Vale anotar que la Comisión Disciplinaria de la Dimayor debería imponerle una sanción por incitar a la violencia con sus palabras.

Aquí no se critica que al señor Hernández no le guste Bogotá, ni los bogotanos y que se refiera a ellos con tono despectivo. Solo quería mostrar por qué no se le debe dar importancia a este personaje, que ha mostrado hasta la saciedad su falta de carácter y que tiene un estilo particular de mostrarse en los medios y es disparando balas de cañón cada vez que abre su boca.

 

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