Analistas

Por Santiago Rivas

Es bien sabido que una verdad a medias es peor que una mentira. Para llenarnos de verdades a medias ha surgido con cada vez más fuerza la figura de los analistas, unos expertos que los canales de TV, estaciones de radio y periódicos del país contratan para que hagan una lectura de la actualidad desde su perspectiva educada y experta. Los hay buenos, claro, y malos, tanto como hay gente mejor y peor en cada oficio. Pero ese no es el problema. El problema es que la figura misma del analista se ha convertido en una mentira que se perpetúa por la falta de una educación que le brinde a la gente suficientes herramientas de análisis. Peor que una mentira, una verdad a medias.

Ahora hay un analista para todo: uno habla de la campaña presidencial en los Estados Unidos, otro sobre la economía nacional en comparación con la regional y luego con la europea. Una habla sobre política latinoamericana y otra sobre la nueva colección otoño-invierno de Tulita de Pungiluppi. Uno al final trata de predecir lo que pasará en el reality show de moda. No hay mejor trabajo que el de experto, porque parte de un acuerdo básico según el cual todo lo que uno diga es palabra santa. Por supuesto, ahora todo el mundo es experto en algo, lo mismo que todos somos directores de nuestro Facebook, de nuestro Flickr.

Con seguridad ellos saben de lo que hablan, sea lo que sea. En algunos casos lo hacen además sin sesgos de ningún tipo, aunque en realidad cada cual tira por su lado. La primera falacia es la objetividad, en un país que ha demostrado que usa la información para engañar tanto como usa las estadísticas para tapar cifras verdaderas; que son a su vez un gran engaño, porque con ellas, verdaderas o no, se puede decir cualquier cosa.

El gran problema de todo este asunto radica, creo yo, en que los medios de comunicación están haciendo un negocio muy provechoso explotando nuestra incertidumbre y nuestro desasosiego. Nos venden esa verdad, pero en realidad están haciendo como un oráculo, dándonos profecías que pueden o no resultar ciertas, enviando mensajes cifrados, haciéndonos creer que podemos estar seguros de lo que dicen, aunque no entendamos de qué están hablando, como pasa en la mayoría de los casos. Cuando todo falla, pues errar es humano; volvamos a buscar a los expertos, ellos sabrán qué hacer.

La realidad nacional se ha vuelto un negocio rentable. Somos cómplices de este engaño, porque en gran parte hemos decidido descargar en los analistas nuestra responsabilidad de tomar una posición frente a las cosas que pasan, así como decidimos escoger un solo medio que nos cuenta su verdad día tras día. Esto, siempre y cuando se trate de gente a la que le importa lo que está pasando, porque la mayoría simplemente oye el incesante cotorreo de unos medios que cada día más se parecen a la estática que suena cuando no sintonizamos nada.

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