Juega en mi equipo, siempre

Por Juan Claudio Castro*

Por Publimetro Colombia

Sospecho que si Teo Gutiérrez jugase para un equipo rival me generaría una mezcla de odio con envidia. Pero no, no tengo ese problema. Por suerte soy de Racing y entonces la envidia ya deja de ser una posibilidad. No es que la elimino, directamente no existe. Él se pone casi todos los fines de semana la camiseta celeste y blanca. Eso significa que es mío y de todos los hinchas. Es nuestro.

Ahora bien, ¿qué hago con el odio? Porque yo lo banco a Teo, pero también lo quiero colgar de un árbol de vez en cuando. Se pelea con un compañero e instantáneamente pienso que es algo normal que sucede en cualquier entrenamiento. Lastima a un contrario y me quiero convencer de que fue una jugada casual. Fanfarronea inoportunamente en la previa de un clásico y minimizo la situación. Se da el lujo de tomarse unos días en Colombia y llegar sobre la hora al partido más importante del año y entonces digo internamente: “Si hace el gol del triunfo, lo perdono”. Pero no hay gol ni triunfo. Es más, se hace echar infantilmente. ¿Y saben qué? Lo vuelvo a perdonar.

Para comprender tanta redención hay que ir a la raíz. También tengo la desgracia de ser de Racing. Por mi club han pasado jugadores con las mejores credenciales del mundo. Lo vi caer a Reinaldo Navia, un chileno que traía más de 300 goles en la valija. Jugó un torneo entero y la metió una sola vez, de lástima, ya casi cuando se estaba yendo.

También me ilusioné con el arribo de Claudio Bieler, el artillero de Liga Universitaria de Quito. No es que no rindió, directamente no tenía ganas de jugar. Se le notaba en la cara y no perdía oportunidad para manifestarlo. Prefirió irse a préstamo a Newell’s antes que soportar la presión de ser el 9 de Racing. Esos son apenas dos casos, de cientos. Y es tan grande el espectro de centrodelanteros que pisaron Avellaneda, que alguna vez le dimos la chance de probarse al goleador de la selección de fútbol…playa.

Hasta que un día llegó un tal Gutiérrez, callado (sí, callado), sin demasiados antecedentes. Apenas un video en Youtube donde se lo veía convirtiendo, sí, pero ya sabemos que la magia de la edición puede hacer maravillas. No parecía gran cosa, la verdad. Y encima le tocó entrar al equipo justo cuando se lesionó Gio Moreno y a todos se nos hizo de noche. Menos a él.

En su debut como titular le hizo dos goles a San Lorenzo. Y no paró. Terminó como máximo anotador en su primer torneo. Como si fuera poco, la rompió en el duelo barrial ante Independiente. Conocí por TV a toda su familia. Supe que mandó a pintar de celeste y blanco su casa en Barranquilla. No era nadie y terminó siendo Teo. Me compró.

Es por eso que hoy, con el ídolo nuevamente en el ojo de la tormenta, mastico el odio una vez más y lo sigo queriendo. Hay que ser de Racing para entenderlo.
 

*Creador de www.enunabaldosa.com, hincha de Racing @juancastroMDP.

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Top cinco de peleas de Teófilo Gutiérrez.

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