¿Te acuerdas de Sandro Guzmán?

El arco de Boca Juniors no siempre tuvo blindaje categoría 6. Nuestro protagonista de hoy retó las estadísticas y se transformó, para muchos hinchas del xeneize, en el arquero más malo en la historia del club. Publimetro lo visitó en Buenos Aires. Por Nicolás Samper @udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

Antes de decirle adiós, le pedimos que posara para la foto. Esta vez no hizo la de los porteros; es decir que no puso las manos cruzadas sobre el pecho para hacerle publicidad a la marca de sus guantes. No, al contrario. Sandro Guzmán, se paró delante de un estante lleno de dulces y ubicó su mano como una visera. Luego se puso la palma de su mano izquierda en el pecho. Otra foto, pensamos. Y de nuevo una pose extraña. “¿Qué significan esas señas?”, pregunté. Respondió: “Son saludos rasta, men”.

 

Ya   no ataja más en un club de primera en Argentina. Hoy se le conoce como Jah Sandro, es DJ, lanzó un disco llamado “Si digo rey”, es militante profeso de la cultura rastafari y dueño de un kiosco de dulces en Ramos Mejía (Rosales 264 si quiere visitarlo), un barrio distante 22 kilómetros del centro de Buenos Aires. Los dreadlocks y la delgadez hacen parte de su pinta, diferentísima a la de sus tiempos como arquero, cuando con corte militar y gran lomo, se paró bajo los tres palos de uno de los equipos más famosos del mundo. La gente lo quiere mucho en el barrio. Los hinchas de Boca, no. ¿Pero quién era Sandro Guzmán?

 

“No me acordés, te lo pido por favor, de ese nombre. ¡Fue el peor arquero que vi en mi vida!”. Rubén, argentino, vive hace un lustro en Colombia, culpa de sus males entre 1996 y 1997 al arquero. No solo él: es cuestión de revisar comentarios en foros y demás para saber que en el ranking del oprobio el arquero lidera las encuestas entre los fanáticos de Boca Juniors. ¿Motivo? Sus actuaciones fueron malas y en 18 juegos le metieron 30 goles. Comanda el ranking de los arqueros menos queridos en el xeneize en una lista que tiene   como estandartes a Aldo Bobadilla, Sergio Genaro y Javier García.

 

“Me fijaba mucho en Fillol. Era mi ídolo. Tuve la fortuna de compartir con él en Vélez Sarsfield cuando yo estaba en inferiores y él se retiraba”. Guzmán estuvo en Vélez como suplente de José Luis Chilavert y después en Boca, un sitio al que el paraguayo nunca pudo llegar. Allí debutó con Carlos Bilardo, ante Huracán. Tapó dos buenas pelotas y Boca ganó 6-0. Fue de las pocas veces que su portería terminó invicta.

 

Un año después firmaba el final de su etapa boquense durante un partido contra Deportivo Español en La Bombonera. El DT Héctor Veira lo sacó en el entretiempo por sus fallas. Ese momento marcó el declive de su carrera: “Cuando me sacó Veira, más allá de que uno compartiera o no la decisión, él pensó que en ese momento era lo mejor. Han pasado tantos años que lo recuerdo como una anécdota. No me pude consolidar porque el equipo recibía mucha presión por no ganar títulos y siempre se buscaba la responsabilidad en los arqueros”.

 

A partir de ese momento, no atajó más en Boca. Apareció Óscar Córdoba en el horizonte y Sandro recaló en el club que, paradójicamente, le quito la titularidad en el azul y oro: Deportivo Español. Para ese tiempo armaron un buen equipo: Silvio Carrario, Juan Martín Parodi (aquél que estuvo hace un par de años en Pereira), José Basualdo, Osvaldo Cannobio y dirigía Eduardo Luján Manera. Contra todos los pronósticos se fueron a la B: “Éramos un gran plantel pero no se gana con nombres. Arrancamos bien pero en un momento todo se vino abajo. El club estaba muy desorganizado. Todavía me deben plata en Español”.

 

Pero el vil dinero no es hoy su preocupación. Eso pensó tras pasar sin gran suceso por Atlético Tucumán y All Boys y retirarse. La música reggae y Haile Sellasie entraron a su vida y ahí siguen. A veces lo reconocen en la calle o en el bus. “En el colectivo me encuentro gente que me pregunta si soy Sandro Guzmán y les digo que sí. ¿De qué se sorprenden que suba al colectivo o al subte? Si todos somos iguales ante los ojos de dios”.

 

Es hora de partir. Nos despedimos. Me dice que le gustaría hacer un concierto en Colombia, que si sé de algo le avise.   Nos recomienda que nunca nos dejemos tentar de Babylon –en el el rastafarismo Babylon simboliza la vanidad y el dinero y la fama-. Le haremos caso a Sandro. El sueldo de periodista nos hace estar alejados de ahí.

@udsnoexisten

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