¡En-tu-sias-mo!

¿Sabía usted que Jorge Barón fue el presidente del Deportes Tolima en 1986 y que seguramente este fue el único negocio en el que estampó la palabra fracaso con todas las letras? Hasta los grandes tienen derecho a resbalar. Por Nicolás Samper @udsnoexisten

Por Publimetro Colombia

El Tolima de 1986 daba lástima. En esos tiempos decían que, cuando había fútbol en el Manuel Murillo Toro de Ibagué, obligaban a los transeúntes a ingresar al estadio.

La leyenda sube la apuesta y los testigos afirman que si lo pillaban a usted desprevenido leyendo los avisos clasificados en cercanías del San Bonifacio –antiguo nombre del coliseo- una tropa de directivos le daba boletas para que entrara a ver el partido e hiciera bulto en las desocupadas tribunas. Y aunque fuera gratis, la gran mayoría declinaba la oferta. Nadie quería ver la sombra de un equipo venido a menos a pesar de tener un gran comienzo de década.

Gabriel Camargo se había cansado momentáneamente de echar todas las monedas en la totuma tolimense. A él se le debió mucho que el club tuviera actuaciones muy buenas en 1981 y 1982, donde alcanzaron a jugar Copa Libertadores gracias a un gol de tiro libre de Heberto Carrillo contra el Junior en Bogotá, que los clasificó al torneo continental de 1981.  La capital hizo las veces de sede temporal del equipo porque en noviembre de 1981 una de las graderías del estadio Murillo Toro, al que nadie quería ingresar en 1986, se vino abajo durante un juego ante Cali dejando como doloroso saldo 19 muertos y 30 heridos.

Y en aquel 1986 no levantaba nada de emoción el Tolimita. Pero nada es nada. Asumió en la presidencia del club Jorge Barón Televisión –para muchos ese es su segundo apellido-.

¿Cuál era la ilusión? Con él, el Rupert Murdoch criollo por aquellos años, la institución se llenaría de estrellas y seguramente sus hijos Jorge Luis, Jorge Eliécer, Jorge Andrés, y Jorge (así a secas) se harían todavía más famosos al salir del camerino agarrarados de la mano de los grandes jugadores que se suponía llevaría a sus filas el vinotinto y oro con el músculo económico de Jorge papá.

Pero de entusiasmo y de agüita pa´mi gente, más bien pocón. Mientras en el piso ajedrezado de los estudios de televisión de Jorge Barón desfilaban gigantes de la talla de Raphael, Juan Gabriel, Julio Iglesias, Camilo Sesto, Rocío Durcal, José Feliciano, Helenita Vargas y Raúl Santi, en el gramado del San Bonifacio aparecían con cara de resignación y en medio de tenues silbidos Norberto el “Chomo” Cadavid, Hernán Torres, Néstor Pizza y el guerrero con el cuchillo entre los dientes: Gustavo “Piña” Mendoza, único sobreviviente de las formaciones del 81 y 82.

Tolima fue último ese año. Pero colero y lejos. No le metía miedo a nadie. ¿Y don Jorge Barón? Poco tiempo después renunció porque sus proyectos televisivos le ocupaban mucho tiempo que él no iba a perder en reuniones de la Dimayor –tenía toda la razón: hartas horas se desperdician allí todavía hoy- y también porque, entre sus proyectos secretos, estaba la escritura de su memorable autobiografía titulada “Mis primeros 40 años” y la construción del hall de la fama criollo, ubicado en los bajos de las Torres que llevaban su nombre -frente a Unicentro-, lugar en el que pléyades de la talla de Vicky, Pacheco, Los Tolimenses y Carlos Muñoz pondrían sus manos sobre cemento fresco dejando estampadas sus huellas por los siglos de los siglos.

Ningún jugador del Tolima clasificó para ser candidato al hall de la fama criollo.   Ya no importa. La calle de las celebridades no pudo resistir a los embates de los bolardos y el progreso. Hoy es un recuerdo perdido en la memoria, como los nombres de “Chomo” Cadavid y Néstor Pizza.

@udsnoexisten

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