Volver a casa 4: Regresar para no morir por el virus o por el hambre

Crónica. Esta es la cuarta y última entrega del reportaje Volver a casa, que cuenta el drama de los migrantes venezolanos que huyen de la pandemia.

Por Natalia Martinez

Incertidumbre. Luego de llegar a su país y sentir un alivio, los más de 14.000 venezolanos que han regresado, ahora se enfrentar a decidir qué hacer para no morir de hambre en su país natal.

“Esto es un martirio… Ahora estamos parados, que porque la guerrilla está ahí y nos van a poner una bomba”, al preguntarle a Rosana por la gravedad de sus palabras, reiteró “Sí, nos tienen agachados y que hablemos pasito o nos van a meter una bomba. Allá se están riendo”, contó.

Según los hombres armados que los pararon, eran el Eln. Bien se sabe que el grupo armado ilegal que de este lado funciona como una guerrilla, del otro lado, ejerce labores de paramilitarismo.

Rosana llegó a Arauca el domingo en la tarde. Un calor inclemente y el bus lleno de plásticos de bolsas de agua, ahora estaba quieto, porque un grupo que se autodenominaba como Eln, los detuvo y tuvo que arreglar con los conductores. El Ejército llegó más tarde y les dijo que tranquilos, que siempre molestaban en la frontera.

Y es que la guerrilla ejerce labores de aduana. En enero, cuando Rosana Aponte, venezolana de 26 años volvió del vecino país a Colombia, tuvo que pasar por la trocha y conoció a los hombres a los que tanto temen las mujeres y hombres que no pueden venirse en bus y pasar normalmente.

“Cuando nos pasamos por la trocha eso fue muy difícil porque era, prácticamente, arrastrase por muchos caminos. Cuando íbamos llegando a la frontera (con Cúcuta), unos hombres armados nos pararon y nos preguntaron que qué llevábamos. Yo solo traía mi ropa, pero gente uqe traía televisores o celulares, les cobraron para dejárselos pasar o se los quitaban. Estaban armados, a poquito de las autoridades y nadie dice nada”, contó la mujer sobre su travesía para devolverse a nuestro país a trabajar en Bogotá.

Ahora, la cosa era diferente. Después de una hora en que mucha gente estuvo angustiada por la situación, y al parecer, tras un soborno, los dejaron pasar y llegaron a la frontera.

Los 40 venezolanos celebraron con mucha alegría. Estaban a pocos metros del estado de Apure, que limita con el Arauca, la tierra en donde Colombia y Venezuela se han mostrado los dientes con ejercicios militares en el río y de lado a lado en tierra.

Tras llegar, Migración les dio un regalo: dos latas de atún, una lata de sardinas, arroz, agua para cuando cruzaran. Esperaron que de su país les dieran el visto bueno. El proceso, en Venezuela ha sido claro: 14 días estarán los migrantes que vuelven, en un espacio que, en el caso de Apure, Venezuela, adecuaron hace apenas unos días.

En un colegio vacío, esperan y aguardan los venezolanos, que después de tener el O.K. de la prueba de coronavirus, pueden seguir hasta sus ciudades…

“Ya estamos bien. Pasamos la frontera y los niños comieron. Nos recogieron en un bus tarde el domingo. Me gustó que los niños comieron helados que compramos entre todos y se los comieron desesperados. Fuimos los últimos”, contó la mujer a PUBLIMETRO, desde un bus que partía de Apure y pagado por Venezuela.

PUBLIMETRO se comunicó con el departamento de prensa del Estado de Apure en Venezuela e indicaron que los migrantes llegaron en buenas condiciones. Aún, ninguno ha sido diagnósticado, pues las pruebas se demoran más que en Colombia, por la lejanía con los laboratorios, sin embargo, no quisieron indicar cuál es el protocolo interno.

Rosana comió, pero no se había bañado hasta el jueves. Una semana sin poderse bañar. En otro lado del país, los cuatro buses que partieron después, intentaban llegar a Cúcuta.

Jessica Martínez, dueña de uno de los buses, contactó a PUBLIMETRO y contó que después de las gestiones iban llegando, pero que la situación no era sencilla.

“Nosotros vivimos de transportar a los venezolanos pero nuestro enemigo número uno es la Policía. Aquí en Cúcuta nos han amenazado con que nos van a meter los carros a los patios, porque no tenemos permisos, pero no hay con nadie con quién tramitarlos. Estamos en regla, necesitamos luz verde con eso matamos un pájaro de un solo tiro: llevamos a los venezolanos y un sector de colombianos que vive de esto, no se muere de hambre en cuarentena”, contó.

El pasado lunes un bus con migrantes, se volcó en el Valle del Cauca, dos personas murieron y siete resultaron heridos. No hay quién responda por el accidente. La respuesta de Migración ha sido endurecer las sanciones contra los migrantes que quieren huir de la pandemia: sanciones económicas y hasta penales.

“Mi recomendación es que averigüen bien para los que quieran irse de Colombia, porque los engañan o los varan y sin plata es jodido. Estamos cagados, porque parece que no nos quieren en ningún lado”, dijo Rosana, que espera salir del aislamiento y enfrentarse a los usureros que le quieran cobrar mucho por llevarla hasta el estado de Lara, en donde tendrá que pasar 14 días más, en la travesía que significa volver a casa.

“No tenemos la culpa de Chávez o de Maduro, o de Guaidó. Muchos de nosotros solo trabajábamos y tuvimos que dejar todo para no morir de hambre. Ahora dejamos todo para no morir de coronavirus, de hambre y de soledad”, concluye Rosana, que sigue pensando en qué hacer estos meses para poder vivir en la que llama su casa.

DATOS: 

3000 personas están pasando por las fronteras semanalmente hacia Venezuela, según el director de Migración de ese país.

515 kilómetros han tenido que caminar los migrantes que deciden irse a pie desde Bogotá, hasta Cúcuta.

14 días tienen que aguardar los migrantes en los albergues dispuestos en Apure y en Táchira.

 

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