Cuatro miradas de la guerra en la capital

El Centro de Memoria, Paz y Reconciliación lanzó el libro Paisajes inadvertidos: miradas de la guerra en Bogotá que compila testimonios sobre la crudeza del conflicto en Bogotá. El texto se puede adquirir sin ningún costo

Por PUBLIMETRO

En el imaginario colectivo, muchas veces pasan desapercibidas las grandes afectaciones y transformaciones que vivió Bogotá a causa de la guerra.

Por tal razón, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de la Alcaldía de Bogotá expone ampliamente el tema en el libro Paisajes inadvertidos: miradas de la guerra en Bogotá.

El eje central del texto son cuatro historias de una ciudad atravesada por la violencia: un campesino de Sumapaz que perdió a su hija, tras haber sido reclutada por las Farc, y a su hijo a manos del Ejército, en medio de un enfrentamiento armado; una militante del M-19 desaparecida en 1987; Mario y Elsa, una pareja de investigadores del  Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) asesinados en su apartamento por sicarios enviados por los paramilitares; y Luis Fernando Gallo, un empresario secuestrado por las Farc pocas semanas antes del nacimiento de su segunda hija.

El Centro de Memoria, Paz y Reconciliación exalta que todas estas historias se mezclan con recorridos por diferentes lugares de la ciudad, habitados por el dolor y la memoria, así como fotografías que relatan la manera en que el paisaje se transformó a medida que el conflicto armado iba instalándose entre las calles y los edificios.

Cuatro miradas de la guerra en la capital

A continuación, exponemos algunos apartes del libro, que se puede conseguir sin costo en el Centro de Memoria, ubicado en la carrera 19B n.º 24-86.

En Sumapaz | Al sur

“Cuando el conflicto armado tocó a las puertas de su casa, Leopoldo, que se había resistido a abandonar su hogar y su territorio, vio a su hija Sandra Paola salir un día para nunca volver. Tenía 13 años y la alegría del futuro al despedirse. Pocos meses después, él mismo vería los ojos de su hijo Deiver apagarse ante su mirada impotente. En los años que siguieron, Leopoldo, al igual que Sumapaz, viviría sumido en la búsqueda y la duda, como queriendo encontrarse de nuevo, desplazándose de un lugar a otro en busca de un espacio que fuera nuevamente suyo, donde pudiera volver a comenzar la vida, una vida después de la muerte y de la incertidumbre. Tardaría muchos años en encontrarlo”.

En las plazas | Puro pueblo

“El sueño de Nydia Erika terminaría pronto. Estaba por llegar el fin de la utopía que había construido desde que escuchaba la Radio Cubana en las mañanas de sábado, sentada al lado de su padre cuando era una niña; desde que vio a los ojos la condición humana de las prostitutas y de sus hijos desnutridos en Las Cruces; desde que abrazó las banderas de la emancipación del país y los ideales de la revolución del cura Camilo y de Jaime Bateman;  desde que recorrió las calles polvorientas de Aguablanca pobladas de chirimía, de currulao y de muertes violentas. El sueño de Nydia Erika iba a terminar, como otros más por esas épocas, sepultado con su cuerpo al borde de una carretera vía al Llano” .

Sobre la quinta | Los herejes

“Uno de los más líderes visibles de esta nueva alianza que transformaría el conflicto armado era el menor de los hermanos Castaño, Carlos, quien años atrás ya había estado acechando a Mario cuando trabajaba con la Compañía de Jesús en Tierralta. Ese día se fraguaba la estructura que, bajo el nombre de Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), iba a determinar el final de los sueños de Elsa y de Mario, cambiaría el curso de la vida de Iván e inauguraría en Bogotá una espiral de violencia contra la sociedad civil que se resistía a la violencia, al silencio y al miedo: era la declaración de guerra contra los herejes que, en medio del conflicto y de la zozobra, se atrevían a hablar de paz y de esperanza”.

Entre la ciudad y la montaña| La oruga y la mariposa

“En su cabeza orbitaban miles de preguntas, todas las dudas contenidas que había guardado durante meses y meses de ausencia. Cuando por fin abrió la puerta del carro y lo vio, flaco, con las ropas deslucidas y la barba de meses que le cubría la cara, solo pudo correr, abrazarlo y llorar. Así, entre miradas profundas y lágrimas, pasaron los primeros minutos juntos en el carro de vuelta a Bogotá, hasta que Tatiana rompió el silencio con una pregunta que no podía evitar y, aunque con suspicacia, sonó cariñosa: ‘Amor, ¿quién es Cachetes?’”.

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