Un lugar con calor de hogar para los niños con discapacidad cognitiva y psicosocial

Según la OMS, el 16% por ciento de la población mundial sufre alguna discapacidad. Son pocos los lugares que brindan atencióna esta población, pero le contamos cómo funciona uno de los pioneros en Bogotá.

Por María Paula Suárez Navas

En la loma de una vereda cercana al casco urbano del municipio de San Francisco (Cundinamarca) hay una gran hacienda con rasgos de pueblito paisa, llena de jardines y palmeras, que es como el oasis para 335 niños y adolescentes con discapacidad mental cognitiva y discapacidad psicosocial que son remitidos por el ICBF a este lugar para ser educados, recibir terapia o ser atendidos por el tiempo que sea necesario.

Los menores les dicen mamá o papá a sus cuidadores, personal que está a su servicio todo el día, todos los días. A ellos les piden que los lleven a la tienda, a la botica o a la peluquería, como tiene que hacer cualquier ciudadano normal. Por su buen comportamiento reciben unas fichas que hacen las veces de dinero con el que pueden “comprar” en el pueblito algunas golosinas como perros calientes o un chocoramo, antojos que se le presentan a cualquier niño.

El lugar, que además cuenta con una capilla cuyos vitrales y lámparas fueron hechos por los niños, y una fuente de agua que hace el lugar más acogedor, es la sede principal de La Asociación Hogar para el Niño Especial (AHPNE), fundación que recientemente cumplió 40 años desempeñando la difícil pero gratificante labor de brindar apoyo a la creciente población con discapacidades cognitivas y psicosociales que hay en el país.

“Se le ha dado más cabida a la discapacidad que a la salud mental, un tema al que se le tiene que prestar mucho más la atención. A nosotros se nos creció este tipo de población, sobre todo desde que son niños. Hay muchos que están en lista de espera de un cupo para ser remitidos a algún centro como nosotros. En cambio, la discapacidad está un poco más atendida. Además, la rotación es muy poca”, dice Nancy Valencia, coordinadora general y de calidad de la AHPNE.

La fundación se creó en una casa que albergaba 30 niños en el barrio Las Villas, en Bogotá. En 1996, se decide el traslado a sedes campestres ubicadas en los municipios de Cajicá y Chía, con entornos naturales más favorables para un desarrollo integral. Luego, tras una inundación, la sede principal se construyó en San Francisco y en Guaymaral y Mandalay. En total son 650 los menores atendidos por la fundación, que cuenta con 250 trabajadores.

La directora de la fundación es la Dra. Edith Ordóñez de Oliveros, santandereana, quien también creó la Fundación Fe, del hospital Lorencita Villegas de Santos, lugar donde identificó la necesidad de crear un hogar donde el niño especial sea atendido de forma integral, basado en un esquema amplio de familia.

“Llevamos 40 años por amor a los chicos, por el profesionalismo y porque es el destino que uno tiene marcado. A uno lo acomoda Dios en algún sitio”, dice Ordóñez, quien estudió Educación Especial.

La fundación tiene distintos campos de acción que se ajustan a diferentes gustos e intereses de la población con discapacidad y que se han convertido en su proyecto de vida como el Aula hogar, la Granja, Amigos del Café, Rugby terapéutico, entre otras actividades.

“Uno tiene que reconocer que ellos tienen capacidades. Hay que mirar a esta población desde lo que uno les puede aportar y no desde la carencia. Generalmente los chicos que están aquí requieren ayudas de entrada por su nivel socioeconómico y su condición clínica, pero si uno trabaja con ellos desde que son pequeños, como por ejemplo alguien con Síndrome de Down, pueden llegar incluso a tocar un instrumento y desenvolverse solos en varios aspectos de su vida. Son personas que pueden lograr muchas cosas desde sus discapacidades”, comenta Valencia, psicóloga de profesión.

A pesar de ello, la coordinadora advierte que la vinculación laboral de personas con discapacidad todavía es algo en lo que la sociedad debe seguir trabajando.

“Que los chicos salgan de acá a la vida cotidiana es una barrera permanente. Si en general a los colombianos se nos complica el tema de la vinculación laboral, para ellos es muy difícil. Falta más contribución de anclaje laboral de personas con discapacidad. Y la población es bastante”, comenta la psicóloga.

Además, la fundación hace una vital advertencia: “Hay una situación que se está desconociendo y es que hoy a los jóvenes los están estigmatizando por sus trastornos comportamentales. Los casos normales de chicos rebeldes nos están llegando a nosotros como institución y son las familias y los colegios los que deberían ser los primeros receptores en cuanto a la prevención y manejo del comportamiento”, dice Valencia, en medio de la preocupación porque el sistema de atención a personas con discapacidades cognitivas está colapsando.

Un lugar con "calor de hogar" para los niños con discapacidad cognitiva y psicosocial

 

 

 

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