“Lo único que quiero es que se haga justicia”: Tatiana Calderón

La hermana de Wendy Calderón, víctima de un feminicidio sin resolver, le pide a las autoridades que actúen. Este es uno de los casos a los que PUBLIMETRO le hará seguimiento

Por Pamela López

Envuelta en una chaqueta, con un pantalón rosado, el pelo recogido y la tristeza abrazándola, como un peso de esos que se le cuelgan al alma y no la sueltan, camina lentamente Tatiana Calderón por el barrio Juan Rey, al sur de Bogotá. Para ella cada esquina, cada casa, el parque, el paradero, las tiendas, todo, absolutamente todo en ese barrio, le recuerdan a Wendy, su hermana, víctima de feminicidio y tal vez la cara más visible de la larga lista de asesinatos a mujeres en el sur de Bogotá que aún no han tenido respuesta.

La última vez que Tatiana vio a Wendy fue en un almuerzo familiar. “Ese día estábamos tomando, la estábamos pasando bien y de un momento a otro ella dijo que iba a subir. No supimos más. Hasta el día que nos dijeron que estaba muerta, que la habían encontrado en un potrero”, comenta a PUBLIMETRO.

Tatiana ha recibido tres golpes fuertes en su vida y se pregunta por qué, no encuentra explicación, no sabe qué hacer y a veces no tiene ganas de vivir. “Hace 14 años  mataron a mi papá, mataron a mi Wendy en el 2015 y el año pasado mi mamá se murió de depresión severa o pena moral, que llaman”, dice con la voz entrecortada, pensando en una sola cosa: justicia.

Justicia para Wendy 

Y es que Wendy merece justicia, así como los demás casos de feminicidio que han sucedido en el sur de la capital. De la joven de 18 años, de pelo negro largo, cantante de rap, extrovertida y alegre solo queda el recuerdo. “Cuando Wendy se murió acá vinieron los medios de comunicación, la Fiscalía, la Policía, todo el mundo vino, pero a la semana todo quedó en el olvido”.

Para Tatiana las instituciones no le han servido de nada, no solo se siente sola de espíritu, sino que jamás, así lo cree, ha sentido el apoyo del Estado: “Sé que Wendy para ellos no era nadie, no tenía plata, no era famosa, es como si se hubiera muerto un perro. Pero para mí no, porque ella es mi hermana. Al principio la Secretaría de la Mujer nos ayudó y la abogada que teníamos se veía muy interesada, pero después la cambiaron y por lo menos hace siete meses no hablo con la nos asignaron”.

Tatiana no atraviesa sus mejores días, se siente sin rumbo y más aún desde la partida de su mamá. Eso sí, tiene un objetivo y es buscar justicia para su hermana: “Es que ella era mi confidente, mi amiga, éramos muy unidas. Esa china era más loquita, más chévere. Les pido a todos que nos ayuden, que le ayuden a mi hermana. Solo quiero que se haga justicia, esas personas tienen que pagar en algún momento y de pronto estos ojos no verán, pero otros sí. Pido que nos ayuden a aclarar muchas preguntas por mi mami, por todo lo que hizo, quiero que le tomen el mismo interés como se lo han tomado a otros casos”.

Con Wendy no ha pasado nada. Cuando se supo que la habían asesinado a los meses hablaron con su novio, pero jamás hablaron con sus amigos, lo único que le daba algo de dignidad a su ser era ser reconocida por el tatuaje de su nombre con un par de notas musicales que tenía en su brazo y repasar una y otra vez sus fotos en Facebook. “Al principio nos estaban ayudando de la Secretaría de la Mujer. Mi mamá siempre hizo marchas, plantones, incluso salió en medios, pero no pasó nada. La Fiscalía nunca interrogó a los amigos y al novio solo lo interrogaron al año y medio”.

“Sé que Wendy para ellos no era nadie, no tenía plata, no era famosa, es como si se hubiera muerto un perro. Pero para mí no, porque ella es mi hermana"

El quiebre familiar

El día que la mamá de Wendy se enteró de su asesinato jamás volvió a sonreír, las enfermedades le empezaron a pasar factura y murió lentamente. “Mi mamá falleció hace un año y dos meses.  Ella tenía secuelas de  Guillain-Barré, tenía diabetes, sufría del corazón y el día que se enteró de lo que le pasó a Wendy se desmayó. Dejó de reírse, se le fue el brillo de los ojos, se le veía la tristeza”. Aún así no dejó de luchar. Grito tan fuerte como pudo por su hija, pero no pudo más.

Tatiana perdió así a sus grandes amores y ahora siente que la vida se le escapa lentamente. “Hace unos meses tuve una crisis, estoy medicada y tengo ayuda psicológica, pero a veces no tengo ganas de nada, no le veo sentido a la vida”.

Con todo ese peso, Tatiana sigue luchando, estudia recursos humanos en el Sena, vive con una de sus hermanas y sigue preguntado por el caso de Wendy. “Después de que murió mi mamá se sabe que ellos tienen indicios de quiénes mataron a Wendy, pero me han dicho que no los pueden coger porque ellos deben que tener a alguien que los señale, algún testigo que los haya visto. Ellos lo único que dicen es que no pueden hacer nada, que pueden preguntar es si conocen a Wendy, nada más. Hace poco discutí con el fiscal y le pregunté de frente que si ellos sabían quién había matado a mi hermana por qué no los capturaban o hacían algo. Él me respondió que no podían hacer nada y le dije que ellos, ni la Policía, servían de algo”.

A Tatiana se le asoma una sonrisa cuando habla de las locuras que hacían con Wendy. Su hermana lo era todo, su confidente, amiga, rival, su familia. La extraña inmensamente y asegura que “ellos (los que la mataron) no imaginan el daño que hicieron. Le provocaron un daño a mi familia, a mi mamá, a mí. Ha sido muy duro”.

Mientras tanto espera que llegue ese día en el que tenga que caminar por el barrio y solo se vengan a su mente los mejores recuerdos; espera ese día en el que se haga justicia y Wendy por fin salga de la oscura lista de los feminicidios del sur de Bogotá sin resolver.

Wendy
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