Partería: relatos de una tradición que pasa de mano en mano

A pocas horas de Cali hay madres que dan a luz en cuclillas y se comen la placenta para recuperar energías.

Por Lina Uribe

Las manos de Américo Mosquera han sido el primer contacto que 12 niños han tenido con el mundo afuera de la barriga de mamá. Oriundo de la vereda Angostura del municipio de Tadó (Chocó), este hombre ejerce quizás uno de los oficios más bellos del planeta: es partero. En palabras de él, un poco más romántico y dulce como el primer suspiro de los bebés que ha ayudado a nacer, es ‘asistente en el milagro de la vida’.
Durante esta semana, en el marco del Festival Petronio Álvarez, Américo y otras parteras del litoral Pacífico estuvieron ofreciendo conferencias sobre una tradición que viajó desde África con los primeros pobladores del continente y que sigue rompiendo fronteras: muchas mujeres de países como Estados Unidos y Suiza viajan a Colombia para que sus partos sean atendidos de una forma que no existe en ninguno de los libros de la medicina occidental. Historia de un partero que no sabe cómo llegó a este mundo, pero sí para qué.


Entonces usted nunca averiguó cómo lo había tenido su mamá…
No, eso me quedó pendiente… Lo que sí recuerdo es que ella era partera y a mí eso me generaba curiosidad. Luego me formé como promotor de salud y le dije a un compadre que quería aprender a partiar, entonces él me llevó como asistente al nacimiento de su hijo. Es la experiencia más bonita que recuerdo: el bebé nació, lo recibimos, le cortamos el ombligo, lo limpiamos y se lo colocamos a la madre en el pecho. Ahí todavía no habíamos finalizado, teníamos que esperar a que saliera la placenta. Es hermoso poder estar en ese momento tan especial, en el milagro de la vida.
Milagro que puede convertirse en tragedia, ¿qué hacen con los embarazos de alto riesgo?
Los parteros trabajamos de la mano de la medicina occidental. Cuando identificamos que una mujer está en embarazo, sobre todo si es primeriza, le pedimos que visite al médico y se haga sus exámenes. Nosotros también les hacemos controles en casa, las visitamos a ver qué riesgos encontramos. Como vivimos en una zona de difícil acceso y no queremos que se nos muera ahí, si notamos algún peligro le pedimos que se vaya con tiempo al hospital para evitar tragedias en el momento del parto.


Y es que la partería no es una solución urgente. En las poblaciones negras e indígenas en las que parir de esta manera es una tradición, las mujeres buscan a su ‘asistente’ desde los primeros meses de embarazo para que les haga un acompañamiento mes a mes en el que se corrobore el bienestar del bebé. Dentro del manojo de creencias aparecen unas relacionadas con la luna, cuya fase determina si será un parto rápido o lento; los eclipses, que provocan convulsiones y preclamsia si la mujer no se cubre; y los santos, fieles acompañantes que iluminan con sus poderes celestiales.


¿El trabajo del partero termina cuando nace el bebé?
Los parteros acompañamos a la parturienta los ocho días siguientes al parto, como mínimo. Le hacemos el seguimiento, le ayudamos a bañar al niño y a curarle el ombligo y empezamos a observar si va a tener algún problema. Siempre tenemos nuestras botellas preparadas con plantas para darles su toma, eso permite que el organismo vuelva a su estado natural. Las plantas también tienen su misterio: como son seres vivos, necesitan que uno les diga para qué las está cogiendo. En cuanto a la Luna, la menguante da mejores resultados.
Con sus 10 hijos estuvo en otro rol que no era el de partero…
Acompañé a mi segunda esposa en el nacimiento de los hijos. Yo nunca he parido, obvio, pero eso debe doler mucho. Ahí no atendí los partos sino que hice lo que hacen las parejas o familiares, darle ánimos a la parturienta y decirle que todo va a salir bien, que respire, tranquilizarla en las contracciones. En ese entonces yo no tenía la ilusión de ser partero, eso me nació cuando tenía 30 años… ahora tengo 59.


En el Chocó hay 880 parteras identificadas. De ellas, 450 son indígenas y cada etnia atiende los partos de su comunidad. Contrario a las posiciones que se observan en los nacimientos de Discovery Home and Health o en los recuerdos de las mujeres que han tenido sus hijos en los hospitales, una mujer que va a dar a luz con la ayuda de una partera debe ponerse de cuclillas. Si el niño viene en una posición complicada, la madre puede hacerse en cuatro apoyos. En estos casos también se pone en marcha un ritual que incluye distintos ritmos y movimientos para que el pequeño logre acomodarse mejor.
Una vez logrado el ‘parto feliz’, lo que en el acta de nacimiento de un médico se distinguiría con el tecnicismo de ‘nacido vivo’, muchas parteras se comen la placenta de la madre y le dan un poco a ella para que recupere energía. El cordón umbilical se corta, se pone a secar y luego se entierra con el objetivo de que el niño nunca se vaya lejos de su pueblo. El ombligo del pequeño se cura, por lo general, con hojas de guayabo tostadas. Y a la madre se le hacen masajes quince días con aceite de coco para que se le aplane al abdomen, tratamiento que se acompaña con la toma diaria de agua de quiebrabarriga.


¿Cómo cobra su trabajo de ‘asistente en el milagro de la vida’?
La mayoría de los parteros vivimos de otras actividades que nos dan el sustento familiar. Para atender un parto a veces nos toca movilizarnos hasta otros pueblos y esperar varios días porque son ‘partos falsos’, o sea que el bebé todavía no nace pero la madre tiene dolores porque no se ha cuidado bien. Son sacrificios que hacemos para prestar este servicio… pero la mayoría de la gente nos dice “Dios les pague”. Nuestra comunidad es de escasos recursos y a veces lo que nos van a pagar lo necesitan para alimentar a la mamá o al niño, entonces qué vamos a cobrar…
¿Cuál es el mejor pago que ha recibido?
Bendiciones. Las bendiciones que a uno le echan valen más que la plata. A veces, ante una dificultad, Dios lo ilumina y le soluciona el problema. Esas son las bendiciones.

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