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Pequeños detalles

De pirámides a rascacielos, grandes transatlánticos o inmensos aviones, parece que como especie hemos estado concentrados profundamente en querer mostrar grandes resultados, grandes obras, no sé si por retarnos (entre nosotros mismos) o sencillamente por esconder el latente miedo de sentirnos o, mejor, de reconocernos pequeños ante la inmensidad que desconocemos y nos rodea.

Sin embargo, los más grandes avances del conocimiento en todos los campos tienen que ver con el dominio y conocimiento de los pequeños detalles, ya que sin importar qué tan grande y fuerte sea una cadena, siempre dependerá de su eslabón más débil, de la pieza más pequeña y expuesta o de su piedra angular.

Y a todos nos resulta obvio pensar en la importancia de los pequeños detalles del mundo que nos rodea, pero nos olvidamos de que también somos un conjunto de pequeños detalles en los que si no estamos correctamente alineados entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, no podremos ver ningún tipo de resultado. Si por ejemplo piensas que deberías dejar de fumar, sientes que lo podrías hacer en cualquier momento, pero lo que haces es comprar más cigarrillos, claramente no vas a ver ninguna respuesta positiva en tu objetivo. Por consiguiente, si no hay respuesta, se genera frustración y se abandona el objetivo que se tenía.

Pensando en eso, creo la mejor manera de hacerse consciente del valor de los pequeños detalles es enfocarnos en aquellas pequeñas alegrías que dan sentido a nuestro día, esas que a ojos de otros tal vez pueden resultar insignificantes, pero que para nosotros son un faro de luz en el día: el abrazo de alguien a quien amamos, el café de la mañana con la mirada perdida en el horizonte disfrutando solo del aroma que inunda los sentidos, la conversación con alguien que resulta ser una caja de sorpresas para ti, contemplar un atardecer, o tantos otros ejemplos de pequeñas grandes alegrías, de pequeños grandes detalles que pueden llegar a cambiar para bien nuestro día.

Cuando logramos enfocarnos en esos pequeños detalles que nos hacen felices y con los que hacemos felices a muchos más, así sea un breve instante durante nuestro día, podremos tener una aire de tranquilidad para lo que esté por pasar, y poco a poco esos pequeños detalles van a ser más y más numerosos hasta que sean protagonistas en nuestro día, llenándonos de gratitud por lo que vivimos y, además, de ganas de compartirlo con todos aquellos que nos rodean.

No podemos estar desconectados del mundo, pensando que todo lo que hacemos y dejamos de hacer no le afecta más que a nosotros mismos, porque cada acción tiene una reacción, para nuestra vida y para la de los demás, ya que cuanto antes logremos disfrutar de esos pequeños detalles que nos hacen felices y componen la vida, entenderemos que lo que para nosotros puede ser poco en un momento dado, para otros puede serlo todo, y que también nosotros somos un pequeño, único y maravilloso detalle.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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