La noche en que Soda Stereo volvió a Bogotá

Por Catalina Forero Ruiz

Después de oír cada uno de sus discos desde que era una niña; de haber crecido entre El rito, Signos y una Persiana americana; y de estar enamorada platónicamente de Cerati desde que tuve uso de razón; había esperado toda la vida por ese momento, ese día en que Soda Stereo cumpliera la promesa que había hecho en una de sus canciones: Volver. Y fue la noche del 24 de noviembre de 2007, en el Parque Simón Bolívar ante 60.000 personas, cuando esa promesa y ese sueño se cumplieron.

“¿Están listos para jugar?” dice Cerati mientras que hace un riff con su guitarra para tocar Juegos de seducción, ante un público que como yo, había esperado ese instante una eternidad. Hoy, casi siete años después, la vida de Cerati, el genio, llegó a su fin y es imposible no recordar con nostalgia ese momento indescriptible en que lo tuve tan cerca, en el que pude ver con mis propios ojos, oír y, sobre todo, sentir su genialidad.  

Siempre lo he dicho, no tengo duda de que ese concierto de Soda Stereo en Bogotá fue el mejor de mi vida, está intacto en mi memoria. Luces envolventes y pantallas gigantes llenas de Imágenes retro y Texturas acompañaron el setlist de esa noche mística, que devolvió a la vida canciones como No existes o Final caja negra, esas que pocos creímos poder oír en vivo algún día. Pero además, Gustavo, Charly y Zeta, nos pusieron la piel de gallina y sacaron más de una lágrima de emoción con la emotiva interpretación de temazos como Fue o Corazón delator.   

Se sintió como si nunca se hubieran ido… una energía intensa y colectiva se apoderó de las miles de almas que estaban esa noche allí. Pasó el temblor, hicieron un Zoom, nos dieron una Sobredosis de TV, De música ligera y se volvieron a ir en un Disco eterno.

No se les quedó nada afuera de ese momento perfecto. Ni siquiera esas esperadas palabras que ya se habían vuelto épicas y con las que Gustavo Cerati se inmortalizó: “Gracias totales”.

Como en esa noche inolvidable, hoy las gracias son para el maestro, para el genio, que dejó este mundo, pero que vivirá eternamente en su música.

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