Violación: ¿A la falda le falta tela o al hombre educación?

Por Luz Lancheros

Siempre resurge la misma premisa cuando un caso de violación es noticia: La mujer se viste ‘provocativamente’ y por eso busca ser agredida sexualmente.

Esto fue lo que en pleno ‘siglo XXI’  esgrimieron algunos sectores de la India a la hora de ir en contra de la occidentalización de sus mujeres, que son de paso, una de las poblaciones más vulneradas en ese país. Por otro lado, y a miles de kilómetros al occidente, Andrés Jaramillo, el dueño de Andrés Carne de Res, dijo lo mismo   al pronunciarse ante el caso de violación sucedido este fin de semana en su restaurante, causando repudio inmediato en redes sociales. Tanto los unos como el otro culpan a lo que se pone la mujer como causa de su violación. Esto prueba que es un tema de cariz universal, y ante esto la pregunta es:¿por qué se usa la vestimenta de la mujer para culparla de las agresiones de las que es víctima?

“Porque la sociedad tiene principios machistas que exigen un comportamiento cuadriculado y restringido. Aquí las mujeres son objetos sexuales, pero no, son sujetos y pueden vestirse como quieran, pueden usar minifalda o bufanda. El comportamiento tiene que ver con los machos que evidentemente no controlan sus impulsos y no respetan el cuerpo ajeno: No puedes violarlo así esté desnudo”, argumenta Fabián Sanabria, antropólogo y doctor en Sociología de la Universidad de la Sorbona.

En esto coincide Florence Thomas, directora del grupo Mujer y Sociedad, quien añade que el hecho de culpar a la mujer de su propia violación por vestirse de cierto modo, es una excusa que no tiene nada de nuevo: “Siempre ha sido así porque el cuerpo de las mujeres es un lugar patriarcal, hace años oímos lo mismo. Vean las historias de las mujeres que violan anualmente, o la historia de Rosa Elvira Cely: el cuerpo de las mujeres es botín de guerra. Y no solo es por como visten, también por lo que hacen, el cómo bailan, o cómo caminan”, afirmó la reconocida feminista.

Es evidente que la ropa tiene una función comunicativa, al igual que el peinado, y ese es uno de los argumentos más fuertes a la hora de establecer esta premisa. Pero Fabián Sanabria cuestiona por qué esto solamente va en función del hombre y no de la mujer. “En Colombia se tiende a magnificar el asunto de la belleza de la mujer, pero no se ve nada en cuanto a la belleza masculina. ¿Qué pasa si de repente un hombre muy guapo sale a exhibirse en tanga, también lo violarían?”

¿La moda se rebela?

  En 2011, ante este argumento dicho por un oficial de policía, un grupo de mujeres de Toronto salió a protestar a la calle en lo que se conoció como la famosa marcha ‘Slutwalk’, que luego se convirtió en un movimiento global. Las mujeres, hartas de estereotipos, marcharon como todas unas ‘zorras’.  Su lema es contundente, y también sus argumentos: “Alrededor del mundo las mujeres están hechas para hacerlas sentir victimizadas. No pueden lucir de un cierto modo, no pueden salir por la noche, no pueden emborracharse, no pueden lucir tacones. No solo desvían la atención del victimario, sino que crean una cultura donde la violación está bien, donde está permitida”, afirman en su sitio web. Por supuesto, su movimiento no ha estado lejos de la polémica, al criticarlas por “pornificar la protesta”.

Pero no solo las mujeres se visten como el estereotipo para reaccionar: La misma moda halla su negocio. De los leggings velludos para ponerse en el transporte público, rústico y gráfico invento para alejar potenciales agresores hechos en China, hasta el muy aparatoso (y por qué no decirlo, ridículo) invento de los japoneses para que uno se vista como máquina expendedora y se confunda con el paisaje, la moda como protección simbólica, el miedo a la agresión ha disparado la creatividad.

En 2005, dos suecas crearon el cinturón antiviolación, y en estos últimos tres años se han comenzado a ver armas callejeras fashion para las mujeres: Tu labial puede ser el gas pimienta que usas contra tu atacante. Incluso tu chaqueta de origen indio (país donde se han registrado casos brutales de violación últimamente), puede protegerte de cualquier intruso y electrocutarlo. ARWEAR se va más allá, y tan solo con la ropa interior cualquier mujer se puede defender. Como dijo su creadora Amanda Hess “nada hace sentir más segura a una mujer que un constante recordatorio físico al cubrir sus genitales en contra de potenciales ataques sexuales en cualquier momento”.

Definitivamente, estos ejemplos muestran que las mujeres protestan por lo que se ponen, y también a través de lo que usan. Pero, ¿es esta una medida reactiva producto de la desesperación ante los tiempos que corren, o envuelve algo más?

Para Shira Tarrant, co-editora del libro ‘La moda habla, desvistiendo el poder del estilo’, esta tendencia es claramente una reacción de la moda ante lo que sucede en la sociedad. En palabras para The Daily Beast, Tarrant declaró que “Cosas como el camuflaje y la moda ninja, todas han sido usadas para la guerra, y la violación es un riesgo que la mujer enfrenta a diario. El hecho de que nuestros diseñadores comiencen a preocuparse por esto refleja cuán en serio tomamos estos asuntos”, aclaró.

No cabe duda que a través de la historia la ropa ha empoderado a la mujer, y en casos como los actuales, es señalada como parte de su vulnerabilidad y justificación para su agresión. Pero las mismas mujeres y también, por supuesto, la misma moda, prueban que se puede reaccionar ante esta  premisa. Sea con sarcasmo, como el famoso video viral hecho por humoristas en la India, o con movilización callejera, como Slutwalk, todo apunta a que no, lo que usted se pone no la hace culpable de algo que se debe cambiar desde raíz y por cultura.

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