Navarro Wolff: Gobierno de posconflicto

Por Katherine Loaiza

Llega a su casa y uno de sus hijos está haciendo la tarea de química. Aclara que en su familia él es el papá hard y la mamá de los hijos, la soft. Trata de involucrarse lo que más puede con la educación de sus adolescentes y ante la pregunta de qué opinan sobre su posible candidatura presidencial dice: “A ellos les gusta mi trabajo”. Antonio Navarro Wolff conserva en la sala de la casa una fotografía de un amigo suyo que recuerda su militancia de izquierda, y que tal vez le sirve como inspiración para un momento como este en el que el país se pregunta si se lanzará o no.

¿Qué tal le cae Enrique Peñalosa?

Está obsesionado con (Gustavo) Petro. Habla más de él que de su candidatura; pero no tengo problema con él, tiene su forma de mirar el mundo.

¿Alguna vez se han sentado a decirse las cosas de frente?

No, fíjese que no. Hace muchísimos años, cuando fue alcalde, me invitó a la Alcaldía a contarme lo que iba a hacer.

¿Cuál es la fórmula para llegar a la Presidencia?

La unidad, la consistencia, un programa de cambio. Hay que ser genuinamente alguien que represente el cambio. Los colombianos no necesitan más de lo mismo ni de los mismos: 150 años con los mismos y mismas.

¿Cree que el país está listo para un Gobierno de izquierda?

No sé si de izquierda o de derecha, eso depende de donde se miren. Lo que sí se necesita es un modelo de desarrollo distinto, que defienda la producción nacional, que genere empleo, busque la igualdad y proteja al país en términos ambientales. Que el interés general prime sobre el particular.

¿Por qué cree que es posible ganarle a un candidato-presidente? La experiencia muestra lo contrario…

Primero, porque están divididos los que lo eligieron, la mitad está con Uribe. Segundo, porque se desgastó. Y tercero porque su modelo de desarrollo está haciendo agua por todos lados: la locomotora de la minería no va, la agricultura y la industria están desacumulando; el empleo, que dicen que es tan alto, es de baja calidad, temporal, mal pagado…por todas esas razones es que ya no quieren reelegirlo.

¿Cómo cree que sería el país en una Presidencia después de Navarro o quien represente la tercería?

Más justo, con más conciencia ambiental, con un proceso de posconflicto bien manejado. Es que es lo único que no hemos hecho: hemos firmado paces, hecho indultos, metido presos, extraditado, pero nunca hemos hecho un buen posconflicto.

¿Cómo sería eso?

Que haya presencia real del Estado en los territorios de los que salgan los que se desmovilicen, o si no otros van a ocupar ese lugar. Y si no logramos que todos los desmovilizados estén metidos en procesos y ocupados, se nos van a volver unos bandidos. Ni un centímetro sin presencia integral del Estado y ni un excombatiente por ahí suelto para que alguien le proponga cualquier diablura.

¿Qué habría que cambiar en el país para ese posconflicto?

Probablemente hay que reformar la justicia, la autonomía de los territorios y de las regiones; hay que reformar la política, que es de pésima calidad, y yo no veo a los políticos autorreformándose; pero esos son temas que hay que hacer después del proceso de paz.

Usted ya hizo parte de ese proceso, ¿qué cree que es lo más difícil de volver a la sociedad?

Lo más difícil es encontrar una función útil en el nuevo entorno y no podemos dejar que cada uno se la busque. A nosotros nos tocó a cada uno buscarla por nuestra cuenta, pero no podemos dejar que eso pase otra vez.

¿Qué opina de que las FARC quieran una Asamblea Nacional Constituyente?

Cada hora tiene su afán. Para refrendar un proceso de paz no se necesita una Constituyente; podría necesitarse para otras cosas, pero eso no lo pueden decidir solamente las FARC y el Gobierno, sino todos los colombianos.

Usted ha sido tres veces candidato a la Presidencia, ¿qué cambia ahora?

No lo sé y por eso no he tomado decisiones. Lo que sí sé es que yo sé de posconflicto y si esa es la tarea de los próximos cuatro años va a ser difícil que alguien demuestre que sabe más que yo de eso. En esa sí tengo la ventaja comparativa: es un tema que he estudiado y sigo estudiando.

¿Qué tal usted de vicepresidente?

Todo puede pasar, pero no sé de quién. De Santos no, ni de Pacho.

Con Uribe al Congreso, ¿no cree que el Senado lo necesita más que la Presidencia?

Uribe no va a tener la mayoría en el Senado. El clientelismo siempre gana las elecciones en el Senado: la mermelada, el voto comprado, el favor personal, el tamal con chocolate, el ladrillo. Eso siempre gana y va a volver a ganar. Uribe va a tener un grupo destacado, pero no va a ser mayoría.

¿De pronto no le suena ser alcalde de Bogotá?

Es que no estamos ahora decidiendo ese tema, ahora el asunto es distinto. Hay que dejar los temas para la Alcaldía en su momento, faltan dos años para decidir eso.

¿Qué falta para que Clara López sea de la tercería?

Que ella quiera.

¿Y usted sí le ha coqueteado?

Sí, claro, pero ya usted sabe que siempre tienen una razón para decir que no. Ahora es que está Peñalosa.

Y Peñalosa dirá que si está el Polo él no va…

Habrá que encontrar una solución: por un lado está Santos, por el otro lado Uribe Centro Democrático y si por el otro lado tenemos un archipiélago, va a ganar alguno de ellos. Tenemos que unirnos todos los del archipiélago.

La gente sigue relacionando a Progresistas con el Polo, ¿qué decirles?

Somos distintos. Se marcó la diferencia de forma clarísima con el tema de Samuel Moreno.

Peñalosa dice que usted lo apoyó (a Samuel Moreno) en la campaña..

Yo no apoyé la elección de Moreno. En ese momento yo era candidato a la Gobernación de Nariño y vine e hice un evento de respaldo a María Emma Mejía.

¿Cuál es el lado más simpático de su vida?

He hecho de todo, con el pie en el acelerador. Lo que más me ha gustado hacer, además de haber sido constituyente, es haber sido profesor universitario.

¿Podríamos volver a tener un ‘profe’ Navarro?

Pues puede ser. Lo que pasa es que tendría que enseñar cosas distintas a las de hace 40 años, cuando enseñé investigación de operaciones, ahora ya se me olvidó eso.

¿Qué está leyendo?

Un libro del BID sobre impuestos en América Latina. En Colombia los ricos pagan muy pocos impuestos; el Gobierno de (Juan Manuel) Santos no fue capaz de ponerles impuestos de renta a los dividendos de los grandes accionistas. En lugar de hacer llorar a los ricos, hizo llorar a la clase media.

Uno con los amigos es muy sincero y usted es amigo de Petro. Con sinceridad, ¿en qué la está embarrando?

Ya hay suficientes críticos de Petro para que yo me sume a ellos. A veces le he hecho comentarios y luego he sentido que son completamente innecesarios. Ya más bien lo defiendo.

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