Deportación, el karma de madres mexicanas

Por Metro

Mayra Alejandra Margffoy Tuay / [email protected]/ @ MayMargffoyT
 
A diferencia de Norma Martínez, madre mexicana de 33 años que vive en Carolina del Norte (Estados Unidos) y quien se salvó de la deportación por tener un cáncer avanzado, cientos de mujeres son repatriadas a México mensualmente sin la opción de cruzar la frontera de forma legal para reencontrarse con sus hijos.  
 
Este drama lo viven a diario mujeres mexicanas por diferentes circunstancias: han vivido de forma ilegal en el país vecino sin papeles por mucho tiempo (incluso hasta 30 años), y tienen hijos que han nacido en territorio estadounidense, muchos de ellos sin nacionalidad mexicana, ni pasaporte de EE.
UU. De repente ellas han sido sorprendidas por las autoridades por conducir sin una licencia válida o por no tener el permiso migratorio.
 
De cien a 120 madres, entre  37 y 45 años, llegan mensualmente al Centro Madre Assunta para Mujeres Migrantes, un refugio ubicado en la calle Galileo 2305 en Tijuana, Baja California. Allí, todos los días a las cuatro de la tarde, desde hace 18 años, la trabajadora social Mary Galván escucha a las mujeres deportadas principalmente de Los Ángeles, San Diego y Washington que tienen una historia en común: han sufrido una abrupta separación familiar y sueñan con volver a estar al lado de sus hijos. 
 
“Son madres que, de la noche a la mañana, se sienten totalmente desubicadas. Por ejemplo, dicen: “anoche estuve en mi casa, anoche les pude dar de comer y hoy no estoy con ellos. No voy a estar en paz hasta estar a su lado”, contó Galván a PUBLIMETRO. Por seguridad de las madres, el centro no puede revelar nombres ni contar casos específicos. Para niños y otros grupos de población deportada existen otros 14 centros de ayuda ubicados entre Baja California, Chihuahua, Coahuila, Sonora y Tamaulipas. 
 
De acuerdo con la trabajadora social, muchas de estas mujeres tampoco quieren regresar a su lugar de origen porque sienten que “estar en la frontera las hace sentir más cerca de sus hijos”. 
 
A la salida de la garita de migración, el centro tiene un punto de atención que les informa que pueden recibir todo el apoyo legal y psicológico de forma gratuita, además un acompañamiento en el proceso para recuperar la custodia de sus hijos, para que ellos puedan ir a México, lo cual toma entre tres y seis meses.
 
“Tenemos un abogado que lleva casos y trámites de reunificación familiar. Para ellas también tenemos internet, pueden comunicarse vía Skype con sus hijos y de alguna manera estarlos viendo”, agregó Galván. 
 
En el centro, en el que actualmente se encuentran 30 madres, ellas reciben asistencia social, tres comidas diarias, ropa y servicio médico. 
 
“La migración es así, ahorita puedes tener las 30, mañana te quedan 15 o tienes 40. Constantemente se están yendo o se las llevan, porque ellas van a intentar cruzar la frontera cuantas veces sea necesario para poder regresar con sus hijos”, relató Galván, quien explicó que los niños en EE. UU. están bajo la custodia de familiares o amigos (en la mayoría de los casos los padres también son mexicanos y tienen problemas con sus papeles. En otros, ellas son madres solteras). “Pero cuando ellas no tienen ni un familiar, ni amigos cercanos de sus hijos, entonces el Estado es el que recoge a estos niños mientras sus madres los solicitan”. Y ahí empieza todo el proceso.
 
Mientras tienden su cama, ayudan en la limpieza de la casa, reciben orientación sobre derechos y salud, bailan, buscan trabajo, trabajan o tratan de cruzar la frontera, estas mujeres buscan cumplir los requisitos que exige EE. UU. para que sus ‘pequeños ciudadanos’ puedan vivir en territorio mexicano.
“Deben cumplir con todos los requerimientos para la reunificación familiar, sobre todo que tengan una vida digna, que puedan sostener a los niños económicamente y que vayan a la escuela de padres realizada por el DIF estatal (Desarrollo Integral de la Familia), una intendencia del Gobierno mexicano”, explicó Galván. Junto a esto no sobra decir que, además de los deseos de las madres, los hijos también deben estar dispuestos a dejar Estados Unidos. 
 
“Cuando los niños están bajo la custodia del Estado, ellas tienen que hacer un trámite ante el DIF estatal. Ellos empiezan a darles clase de escuela para padres, de acciones, de drogas. Y así, cuando cumplen con sus horas de estudio, la información que tiene la trabajadora social se lleva hasta la corte en Estados Unidos. Ellas se están informando cómo va  su proceso para que la madres puedan traer a sus hijos. Luego las visitan en su domicilio para ver si tienen una casa digna que ofrecerle a sus niños, si ellos van a tener su camita y todas las condiciones para que no sufran. Varias ya tienen un trabajo, entonces eso ayuda”, relató Galván. 
 
La mayoría de estos trabajos son informales, como la limpieza de casas, el cuidado de personas y la atención de niños. Con este dinero, las madres pueden arrendar una casa, amoblarla y así estar preparadas para el juicio. 
 
“Los abogados no cobran ningún centavo por el trámite. Todo es gratuito y el DIF estatal tampoco cobra porque es una dependencia oficial para lidiar con este tipo de situaciones. Entonces, más que nada, todo el tiempo de espera es muy pesado para ellas”, recalcó Galván.
 
“Es un tema muy duro y pesado, porque todas salen en shock emocional. Algunas de ellas han tenido problemas de salud mental por la separación de sus hijos. El albergue trata de apoyarlas, escuchándolas, haciendo ruedas de conversación. Muchas de ellas no se calman hasta que de alguna manera regresan al lado de sus hijos”, concluyó Galván.  
 
Con las recientes leyes polémicas antimigratorias en Estados frontera con México, como Texas, la deportación se ha convertido en un arma criminalizadora. Si una madre con estas condiciones es sorprendida tres veces intentado cruzar la frontera, puede enfrentar de 20 años hasta toda una vida de deportación. Incluso muchas intentan arreglar un documento para tratar de obtener una residencia legal, pensando que el tiempo que vivieron en EE. UU. les da un derecho. 
 
Otras más arriesgadas, por la asesoría de un abogado, tratan de buscar un asilo político. El problema es que este amparo no lo concede el territorio estadounidense a los mexicanos, ni siquiera una visa humanitaria, en caso de que el hijo solicitado llegue a enfermarse.
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