Neutralidad en la web

Por Metro

¿No les parece maravilloso que la web sea un sitio al que podemos entrar y con la misma facilidad revisar contenido de Vogue como de Cromos, de Facebook como del sitio oficial de Condorito, de la universidad más prestigiosa de Londres o del más pequeño centro educativo de Valledupar?

Pues a mi me encanta. Y eso es lo que ha permitido que muchos viajemos mentalmente a sitios donde requeriríamos visa para entrar, o que los europeos y japoneses que visitan nuestras páginas le pierdan el miedo a venir a Colombia, incluso antes de comprar un pasaje.

Y lo mismo que pasa en la pantalla del computador ha de pasar en la pantalla del teléfono móvil o la tableta que se conecte a la web. Es lo que se conoce como neutralidad en la web. En los Estados Unidos llevan más de diez años discutiendo el tema y se ve siempre la necesidad que así se mantenga. En nuestro país se empezó a hablar del tema gracias a una propuesta de ley presentada por Simón Gaviria. Pero el comunicado de prensa de la CRC de la resolución 35 del 2011 da a entender que en nuestro país pronto tendremos una web diferente de acuerdo al precio que puedan pagar los usuarios. Eso sería terrible.

Si bien estamos acostumbrados a que la televisión la vendan con ofertas de paquetes de canales, gracias a acuerdos que hacen los proveedores de TV. Pero es que FOX, Sony y demás canales negocian con ellos acuerdos monetarios que Facebook y Twitter no hacen con nadie (al menos que se sepa). Por ello, permitir que en la ley colombiana de neutralidad los proveedores ofrezcan ofertas diferenciales basados en precio para servicios específicos equivale a decir que si pago poco mi acceso a redes sociales se limita a la que seleccione arbitrariamente el proveedor.

Así, que nos digan “plan x” que sólo nos dejará ver Facebook, mientras que hace más lento (o simplemente elimina), la posibilidad de acceder a Google+, mySpace o cualquier otra red que conozcamos, es algo inaceptable. Si eso se hace, obligarán a la gente a usar paquetes “premium” con acceso ilimitado a redes (cuando esa debería ser la manera de hacerlo desde el principio para todos). Imaginemos que ustedes quieren ver un video pero están limitados a YouTube, eso quiere decir que los videos de iTunes U, TED o cualquier otro canal educativo quedarían cercenados. Y los que postea la universidad X en la provincia colombiana serán opacados por contenidos foráneos… ¿a menos que paguen alguna suma?

Ni hablar de la posibilidad que abre esta pequeña opción legal a que los proveedores creen sus propias redes sociales o servicios de música que competirían directamente con los que no son creados por empresas. Así, el servicio de música de ETB, Movistar o Telmex cargaría más rápido que cualquiera de otra persona. ¿Eso no mataría la competencia? ¿No dificultaría recoger dinero para que un emprendedor monte un servicio que compite con uno ya establecido?

En una web libre Google venció otros buscadores como Altavista, Jeeves o similares porque su servicio era lo que los diferenciaba. No porque eran los que cargaban en uno u otro proveedor. La web no tiene canales. Tiene sitios que son independientes y han de ser protegidos. La ley lo debe hacer. El hecho que paguemos por un servicio más costoso puede justificar velocidades más altas o mayores capacidades de consumo.

Pero parcelar los contenidos y las opciones que tenemos para usar la web no es algo que ninguno de los que llegaron hasta acá leyendo la columna quieren. O al menos, eso espero.
Neutralidad web quiere decir que todos somos iguales en ella. Debemos trabajar con eso claro, y evitar segregar porque, como la historia nos enseña, eso sólo lleva a inequidad y protestas justificadas.

¿Se imaginan calles por las que los carros de cierta marca no pudieran rodar? La neutralidad de nuestras calles garantiza que hasta un Ferrari se pasee por Bogotá, Chocontá o Sogamoso. Que lo haga a 25 Km por hora  como el vecino Renault 4 es otra cosa. Y no tiene nada que ver con la ley…

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