Sí podemos romper las cadenas de la violencia contra la mujer

Por Publimetro Colombia

Que a las mujeres las matan por el simple hecho de ser mujeres, es un hecho. Y a veces las señales están ahí, pero no sabemos cómo leerlas. Así le ha pasado a cientos de sobrevivientes que han sido víctimas de violencia y que hoy lo cuentan por ellas y por las que ya no están acá.

Hablar de violencia de género no solo se trata de golpes en el rostro o en el cuerpo. Miles de mujeres también se enfrentan a diario a la violencia psicológica o económica. Algunas, incluso, llegan a ser prisioneras en su propia casa o a ser chantajeadas con sus hijos.

Y aunque la cifra en Colombia no ha cambiado, pues según Medicina Legal aún asesinan a una mujer cada tres días, las cadenas de la violencia de género se pueden romper. Lo primero que hay que conocer son las leyes y normas que inclinan la balanza a favor de las mujeres.

Por ejemplo, está la Ley 1257 o Ley de Violencia contra las Mujeres que define la violencia contra la mujer como “cualquier acción u omisión que le cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual, psicológico, económico o patrimonial por su condición de mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, bien sea que se presente en el ámbito público o privado”.

También está la Ley 294 de 1996 que tipifica el delito de acoso sexual y agrava penas para crímenes de lesiones personales y homicidio por razón de ser mujer. Asimismo, existe una Política Pública de Equidad de Género para las Mujeres, creada en 2012, que busca garantizar “los derechos integrales de las mujeres, teniendo en cuenta las particularidades que las afectan desde de su diversidad”.

Estas herramientas son válidas y muy necesarias cuando una mujer decide denunciar. Pero denunciar a veces no es tan fácil como parece, pues la víctima suele estar amenazada y con miedo de lo que le pueda pasar a ella o a sus familiares.

En este caso las redes de apoyo son claves y detectar las señales también. No hay ninguna justificación para golpear a una mujer y, en la mayoría de los casos, hay antecedentes. Por ejemplo, una pareja represiva, posesiva, que amenaza con palabras como “si me dejas me mato”, “eres mía y de nadie más” o “usted hace lo que yo le diga” envía claras señales de maltrato.

Las escenas de celos, las persecuciones y las amenazas constantes también son señales que muchas veces se pasan por alto. Además, entre las mismas mujeres se puede llegar a perpetrar ese machismo que aún está implícito en la sociedad: frases despectivas entre mujeres o que ellas mismas justifiquen el maltrato son formas de reafirmar esos imaginarios que tienen que desaparecer.

“Claramente, todo el tema de las barreras de la justicia y de la salud, en casos de ataque con ácido, así como la falta de información, es lo que más genera dificultades. Hay que apostarle a la educación, porque las familias son las células de una sociedad y cuando esas células no funcionan bien, pues todo va mal. Colombia es un país machista y eso hay que cambiarlo, porque, por ejemplo, si un niño se cría en una casa donde hay violencia, pues muy posiblemente ese niño va a ser violento. Hay que cambiar todo un patrón, entonces hay que concentrarse en la educación de las generaciones que vienen”, aseguró Natalia Ponce de León.

Sin embargo, hay que pensar en que la violencia de género no es exclusiva de las mujeres, los hombres y en general toda la sociedad deben involucrarse para erradicar este flagelo y en esto está de acuerdo Carolina Melo, oficial de género del programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Pnud: “La pedagogía en derechos para las mujeres y la sensibilización es importante, pero hay que romper el mito de que los asuntos de género y los temas de violencia son asunto exclusivo de nosotras”.

Ahora bien, es fundamental que una mujer víctima de violencia denuncie y tenga claro que cuenta con algún tipo de apoyo y alguien que la escuche. Asimismo, existen canales de ayuda para aquellas mujeres que quieren denunciar. Fundaciones como Maisa, la Fundación Natalia Ponce de León que ayuda a las mujeres que han sido víctimas de ataques con ácido, y entidades públicas que ofrecen rutas de atención y protección para aquellas que deciden romper el silencio.

Recuerde que sí hay salidas.

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