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#Opinión Criticar a Mario Hernández por su responsabilidad política no es de “mal gusto”, ignorar su papel sí

Hoy la moda es política y es algo que las instituciones más señoriales de la moda colombiana se niegan a ver* .

Hace tres años, en este mismo medio, fui la única que se atrevió a alzar la voz. #Opinión Criticar a Mario Hernández por su responsabilidad política no es de “mal gusto”, ignorar su papel sí

Esto, para interpelar a los diseñadores de moda más exitosos de nuestro país en cuanto a su papel político.

Era menester cuestionarlos sobre su discurso de apoyo a los artesanos.

Todo, mientras apoyaban, abiertamente, al presidente que con sus políticas los dejó desprotegidos ante el asesinato de sus líderes.

También, ante la rapiña de sus ecosistemas circundantes.

Por supuesto, la institucionalidad colombiana de moda, tan acomodaticia a los intereses del poder y siempre silente ante cada crisis política y social en Colombia, trató de callarme con todo lo que tenía.

Opinión Criticar a Mario Hernández por su responsabilidad política no es de “mal gusto”, ignorar su papel sí

Desde famosos “intelectuales” que apelaron a lo personal para deslegitimarme, hasta actores de la industria que prefirieron guardar silencio.

Tres años después, en una de las coyunturas sociales y políticas más graves que hemos tenido, se han dado cuenta.

Uno, de que la moda es política, porque lo personal es político.

Dos, que no se trata solamente, como ví en muchas marcas y otros actores de la industria, cuando pasó lo de George Floyd, poner el cuadro negro para ganar likes.

Tampoco, solamente se trata de poner a los indígenas como mascotas en un tono condescendiente y paternalista.

Cosa que hicieron en muchas semanas de la moda tanto en Bogotá como en Medellín.

Y no, no solamente se trata de decir que eres “sostenible” cuando explotas a tus empleados de maneras perversas (para esa gracia, mejor comprarle a Zara).

Que no solamente se trata de decir “Vístete de Colombia”.

Esto, para apelar a un sentido de patriotismo cuando realmente no te importan nada las personas que sufren porque no tienen tus privilegios y prácticamente no tienen futuro.

Y me alegra ver que existan más personas que interpelen a estos actores.

Y que existan marcas, que he reseñado acá, que sean coherentes en sus acciones y discurso.

Pero hay una en especial que me llama la atención, por su papel en esta coyuntura: Mario Hernández.

Que como muchos otros diseñadores – que han borrado sus historias por ser interpelados digitalmente- ha generado información falsa y comentarios clasistas y estigmatizantes sobre los marchantes.

Esto le ha valido muchas críticas y hashtags virales. Y no solo lo he cuestionado yo: miles de personas. Por esto mismo, por su papel político. Y claro, por su propuesta.

Dejemos esto en claro: lo bello es subjetivo. Desde lo subjetivo, para mí, la marca no es de mis afectos. Me encantó su colección de Enrique Grau en 2016, de la que hay aún existencias.

Desde el análisis de moda, hace muchísimo tiempo su marca dejó de comunicarse con el presente. Louis Vuitton, Gucci, etc. el lujo actual entiende que sus nuevos consumidores son sujetos políticos.

Sujetos con la capacidad de interpelar por coherencia y sobre todo, por representación.

Ambas marcas han hecho colecciones con variados artistas y han generado nuevas formas de comunicación .

(Incluso LV lo hizo “vistiendo” a personajes de un popular videojuego).

Gucci ha ido más allá, con la diversidad.

Hay que ver cómo la publicidad de sus labiales, con dientes imperfectos, apeló a la viralidad.

Elemento que por demás, va más allá de la tradición como consumo.

Este es el presente: un nuevo consumidor en el que la señorialidad en la que está inscrita su marca y la de muchos de sus defensores, parece ser una constante.

Pero no es toda su responsabilidad: así es Colombia si hablamos de moda y representación. Anquilosada en el pasado y en la endogamia cultural.

La moda vista como un elemento elitista de hace cincuenta años en el que nuevas propuestas se abren paso desde terrenos que ellos jamás se atreverían a explorar.

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 Y bueno, tampoco es “malo” si apelas a un nicho desde valores como señas de marca características para un público característico, si lo analizamos desde otro lado.  Se trata de nichos.

La política no es cuestión de «gusto»

Ahora bien, cuando interpelamos a un creador por sus posturas políticas, así como por su propuesta, no, no tenemos “mal gusto”, porque este es subjetivo.

Pueden verlo en las fotos de la lente de Tommy Ton o el streetstyle de Seoul Fashion Week, para comenzar.

No, no es que seamos “pobres”, y ofende el término en un país que precisamente tiene 3 millones de pobres y que lucha por tener algo que llevarse a la boca.

Y más aún cuando lo más caro no necesariamente significa ostentar “superioridad” en un mundo lleno de propuestas alternativas, vean a Etsy para comenzar.

Y no es que “nos vistamos mal”, cuando hay un mundo afuera.

Uno que desde los años 60, rompió con toda concepción de “buen gusto” anclada a un modelo europeo que sirve para vender sueños y aspiracionalidad.

Pero que ni siquiera en las pasarelas se usa ya: vean lo que hacen Balmain y Balenciaga, por ejemplo.

La moda es política

No, lo interpelamos porque nuestras decisiones de vestuario son políticas.

Porque lo que usamos expresa una forma de vivir, y de ser, que va más allá de “Petro y Uribe”.

Y la moda dice mucho de lo que somos y tiene más lecturas que el “ser rico y tener buen gusto”, que es bastante reduccionista.

También, aunque nos alegramos y lo admiramos por tener una marca que es un pilar en Colombia y genera miles de empleos, debemos cuestionar su actuar en una democracia.

#Opinión Criticar a Mario Hernández por su responsabilidad política no es de “mal gusto”, ignorar su papel sí

Nos preocupa que desde su plataforma señale a muchísima gente.

Gente que por razones heterogéneas está marchando y la haga, con su discurso, presa de abusos policiales cuando solo ejerce un derecho ciudadano.

Y aún más, que la despoje de su agencia.

Así, representando solo un sector de un país que cambió a pesar de él y de los que apoya.

Por eso lo interpelamos y podemos cuestionarlo, como han hecho miles de personas con las marcas en la actualidad.

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De hecho, Victoria’s Secret se cayó por lo mismo: por no representar los sentires actuales de sus consumidores.

Estos, más identificados con los cuerpos que muestra la marca de Rihanna, Savage x Fenty, en pasarela.

Entre muchísimas otras.

Hoy las marcas y los actores de moda ya no tienen relaciones verticales donde dictan los gustos y lo que uno “debe” ponerse. Hoy lo digital nos pone en plano de igualdad.

Incluso las grandes casas de moda han tenido que replantearse temas como la diversidad ante los cuestionamientos de quienes consumen sus productos e imágenes de moda y los analizan.

Por eso es necesario repensar en Colombia cómo está hecha una industria que aún celebra sus logros para unos pocos, cuando sus consumidores son muchos y desbordan su capacidad de representación y análisis de un presente que aún se niegan a entender.

*Las opiniones del portal no son las mismas de la columnista.

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