Ayotzinapa cumple un mes sin 43 estudiantes pero mantiene la esperanza y la lucha

Por Publimetro Colombia

Tixtla (México), 26 oct (EFE).- La escuela Normal del barrio de Ayotzinapa lleva un mes sin 43 estudiantes que desaparecieron tras una noche de violencia en las ciudad de Iguala, una fecha que se ha conmemorado con un gran corte de carretera para decir que los familiares piensan seguir luchando para que aparezcan vivos.

Poco después de las 11.00 hora local (17.00 GMT), medio millar de estudiantes de la escuela bloquearon en Chilpancingo, la capital del estado, la Autopista del Sol que une a la capital mexicana con el turístico Puerto de Acapulco, una vía muy transitada, especialmente en fin de semana.

Han sido centenares los afectados por este bloqueo que, según aseguraron los estudiantes a Efe, se levantará en las próximas horas. Esta acción se realizó en una zona conocida como Parador de Marqués, en donde precisamente fallecieron por disparos de policías dos jóvenes de esa misma escuela en una protesta en el año 2011.

En aquella ocasión y en otros bloqueos similares las fuerzas de seguridad intervinieron para frenar a los jóvenes, pero esta vez los están dejando hacer, pues son demasiados los ojos que hay sobre este caso, condenado por decenas de organismos internacionales.

Los estudiantes, apoyados por compañeros de otras escuelas, llegaron en varios autobuses a este lugar y, tapados con máscaras o pañuelos, tomaron varios camiones de mercancías y los cruzaron en la carretera para impedir la circulación de vehículos en ambos sentidos.

Desde hace un mes, estudiantes, maestros y familiares de los 43 desaparecidos se han manifestado para presionar a las autoridades a dar resultados sobre el paradero de los jóvenes.

La noche del 26 de septiembre policías municipales de Iguala y Cocula, por orden del entonces alcalde, José Luis Abarca, atacaron a los estudiantes causando seis muertos y 25 heridos, además de los 43 desaparecidos que según las investigaciones fueron entregados al grupo criminal Guerreros Unidos para su desaparición.

Desde entonces familiares de los estudiantes, todos de bajos recursos y muchos de lejanos estados, se trasladaron a vivir a la escuela desde donde esperan noticias de los jóvenes.

“Ayotzinapa vive”, dice hoy una manta colgada del pabellón principal, y es que pese a que ya ha pasado un mes en este barrio del municipio de Tixtla, todos quieren seguir creyendo que los jóvenes están vivos y que volverán a estudiar en sus aulas.

Se resisten a creer testimonios como el del sacerdote Alejandro Solalinde, quien asegura que según le han contado testigos de la agresión, los estudiantes están todos muertos, ya que fueron llevados a un cerro, quemados vivos y enterrados.

En el día de hoy el religioso, activista de los derechos humanos de los migrantes, acudió a la escuela a oficiar una misa pero fue rechazado por los padres, quienes están muy ofendidos por sus declaraciones.

Según explicó, había acordado oficiar la misa con un grupo de padres con los que se había reunido esta semana en el Distrito Federal, pero al llegar a Ayotzinapa otro grupo de padres lo rechazó.

Tras mantener una reunión de unas dos horas con los familiares el sacerdote se marchó, aclarando a los medios que ya no hará declaraciones sobre este caso.

“Soy respetuoso, yo voy a estar en suspenso, hasta que me pidan ayuda”, dijo el religioso, quien explicó que son ellos, los familiares, los que tienen que procesar la información.

“Yo no voy a encabezar nada, no soy líder de nada, no soy vocero suyo, ni voy a usurpar liderazgos. Solo quiero decirles que si en algo puedo servirles”, me lo digan, señaló.

Además de la aparición con vida de los estudiantes, uno de los reclamos de las familias era la dimisión del gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, y esta se produjo el pasado jueves, cuando solicitó licencia para facilitar las investigaciones, que están en manos de la Procuraduría General de la República (PGR).

Y precisamente hoy el congreso de Guerrero nombró a Rogelio Ortega como nuevo gobernador, quien se desempeñaba como secretario general de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) y ha sido un activista que mantiene buenas relaciones con las diversas organizaciones estudiantiles en el estado.

Esta decisión sin duda busca reducir la tensión y el descontento generados en el estado y en el país, ante la falta de resultados en las investigaciones sobre este caso. Ortega permanecerá en el cargo hasta el 27 de octubre de 2015.

El presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, felicitó a Ortega Martínez en su cuenta de la red social Twitter, y le deseó “todo el éxito en esta elevada responsabilidad”.

Peña Nieto le expresó que el Gobierno federal trabajara con la nueva administración de Guerrero para “impulsar condiciones de seguridad y desarrollo para los guerrerenses”.

Paula Escalada Medrano

Tixtla (México), 27 oct (EFE).- En un mes la pequeña casa de Ernesto se ha convertido en un lugar inmenso, no porque haya crecido el espacio y le sobren metros, sino porque le falta vida, la de sus diez compañeros desaparecidos y la de los cinco que salieron de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa y se fueron a casa por miedo.

Pese a que tiene poco más de 50 metros cuadrados y en ella vivían 20 personas, a Ernesto cada día de este último mes se le hace más y más grande y por eso trata de pasar el menor tiempo posible dentro.

Diez de sus compañeros de vida son parte de los 43 que permanecen desaparecidos desde la violenta noche del 26 de septiembre en Iguala, cuando policías mataron a tiros además a seis personas, entre ellas tres estudiantes.

En una entrevista con Efe, el joven de 23 años y de gesto duro cuenta que los cinco que quedan están poco en la casa, primero, porque están muy ocupados participando en las actividades de protesta y, segundo, “intencionalmente”, para evitar sentir que ya nada volverá a ser como antes.

“Al menos yo paso el menor tiempo posible aquí. Ahora estoy solo en esta casa (en el momento de la entrevista), ¿cuándo la pasaba así? Los veinte compañeros íbamos al mismo tiempo a comer, nos parábamos (levantábamos) al mismo tiempo de la mesa, íbamos a jugar al fútbol, íbamos a bañarnos al río”.

Ernesto y sus 19 compañeros pertenecen a una sección aparte del internado de la Normal, a la Casa del Activista, un lugar en el que “se te prepara política e ideológicamente” y se enseña “cómo dar argumentos ante quien sea con base y fundamento” y “a no agachar la cabeza ante nadie, a defenderte verbalmente”.

Los estudiantes que pertenecen a esta casa estudian las asignaturas de la escuela y además otra temática particular que Ernesto no quiere contar por sus reglas, pero que se intuye por la fachada roja y negra y las pinturas que la decoran: el puño en alto, Lenin, Ernesto Che Guevara y la frase “A nuestros compañeros caídos no los enterramos, los sembramos para que florezca la libertad”.

En torno a estas temáticas hacen lecturas, ven películas y las analizan, absorben información y luego la comparten y la discuten todos juntos en esa pequeña casa del internado de Ayotzinapa en la que también duermen, formando una familia de soñadores luchadores.

Aquella noche fatídica del 26 de septiembre los veinte compañeros de la Casa del Activista estaban en Iguala y viajaban en un autobús cuando les cerraron el paso en la carretera y les comenzaron a disparar sin ningún motivo.

La mitad logró escapar, la otra mitad (y otros tantos más) fue llevada por patrullas de la policía local. Ernesto lo vio con sus propios ojos, escondido debajo del autobús.

Y también le tocó ir a la comisaría con la fiscalía de Guerrero y escuchar de la boca del secretario de Seguridad Pública de Iguala, Felipe Flores, que ahí no había llegado nadie y que no tenía constancia de que hubiera habido una tiroteo.

“Uno va con la ilusión de que le van a entregar a sus compañeros” y vuelve a su escuela casa teniéndole que decir a las madres de sus amigos que sus hijos han desaparecido.

“Que lleguemos aquí y los padres de tus compañeros te vayan preguntando ‘¿y mi hijo?’ y yo decirles ‘está bien, viene en el autobús’. Pero que te llegue la mamá de Luis Ángel, de Marco Antonio, de Jorge… y te digan ‘¿y mi hijo?’, ¿qué les digo?. Pues simplemente les dije ‘tu hijo fue arrestado"”.

Felipe Flores se fugó horas después de aquel 26 de septiembre. Según se ha podido conocer gracias a los testimonios de algunos de los 52 detenidos hasta ahora, él orquestó la matanza y la desaparición aquella noche, por órdenes del alcalde José Luis Abarca y su esposa.

Después de estos hechos que han conmocionado al país, cinco de los compañeros de Ernesto que habían sobrevivido “se fueron a su casa porque sus papás no quieren que estén aquí”, cuenta indignado.

“Mis padres no quieren que esté aquí y aquí sigo. A mí me preguntas ‘¿tienes miedo? y yo también tengo miedo, soy persona. Pero ese miedo hay que enfocarlo a otra cosa, en hacer actividades, en una dirección y con una intención de lograr algo, obviamente una mejoría”, señala.

Ernesto está convencido de que por ellos, por la educación, es por donde tiene que empezar el cambio, ya que ellos son los que después enseñarán a los niños en sus comunidades.

Él les piensa enseñar “a ser analíticos y críticos, a que sean capaces de cuestionar a las otras personas porque eso es lo que no hacen las personas. ¿Qué persona se atreve a cuestionar a quien le está dando una orden? Dan respuestas mecánicas que no te dejan ni pensar. Eso es lo que quiere el Gobierno, mantener gente dormida para que al rato no lo cuestionen”.

Ernesto cree en el símbolo de su escuela, la tortuga, adoptado por el barrio de Ayotzinapa (esta palabra viene del náhuatl ‘ayotl’, que significa tortuga). El avance será lento, pero hay que caminar firme para poder llegar a algún lugar.

Paula Escalada Medrano

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