Economía mundial en el camino de recuperación

Por Colprensa

Con Estados Unidos levantando cabeza, la eurozona mejorando y los mercados emergentes manteniendo su vitalidad, la economía mundial está volviendo claramente a encarrilar, cinco años después del que comenzara la crisis financiera global.

Muchos líderes empresariales y políticos que asisten este año al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, tienen buenas razones para pensar que el fin de la crisis está acercándose. Pero todavía no ha llegado la hora de las celebraciones, debido a que el camino de la recuperación que queda por delante no será fácil.

Mientras se ven señales alentadoras de recuperación gracias a las políticas de alivio monetario, las naciones ricas todavía están lejos de lograr una fuerte recuperación con un crecimiento significativo en la creación de empleo.

Además, una abrupta salida de la flexibilización cuantitativa, que ha causado la fuga de capital y la subsiguiente devaluación monetaria en las economías emergentes el año pasado, podría afectar al flujo de capital de muchos países en desarrollo que se están esforzando por resolver numerosos problemas domésticos.

Mientras tanto, los factores esenciales que han causado y empeorado el trágico colapso del sistema financiero internacional aún necesitan ser tratados en profundidad. Los riesgos sistemáticos podrían convertirse en una bomba de relojería, pero en este mundo globalizado con economías estrechamente interdependientes no se puede permitir que ocurra otra catástrofe con un coste tan elevado.

Por primera vez en cinco años, el mundo desarrollado servirá como motor de la economía mundial. Aún mejor, puede actuar como jugador responsable, reduciendo la incertidumbre en las políticas fiscales y esforzándose por conseguir una salida más fluida de sus medidas de estímulo.

También pueden atraer más oportunidades de prosperidad para el resto del mundo abandonando las prácticas de proteccionismo comercial y de inversión, y jugando un papel más constructivo contra la fragmentación del sistema del comercio mundial.

Como ha advertido recientemente la jefa del FMI, Christine Lagarde, el crecimiento global es todavía demasiado lento, frágil y desigual. Un sentimiento de crisis es todavía útil entre los ánimos optimistas en el Foro Económico Mundial de este año.

Para los países en vías de desarrollo, que representan más del 50 por ciento del PIB global, no hay tiempo que perder para tomar acciones reales de reforma. El crecimiento desacelerado en los mercados emergentes durante los pasados dos años ha expuesto los fallos en el modelo de crecimiento.

Pero siempre que se puedan realizar cambios estructurales a tiempo, los mercados emergentes serán capaces de lograr crecimiento sostenible a la larga.

China, a menudo considerada como referencia de los mercados emergentes, ha adoptado firmes medidas para implementar las reformas. Particularmente desde el plenario clave del partido celebrado en noviembre de 2013, China ha acelerado el ritmo de la reforma de la tierra, de las empresas estatales y del sistema financiero. Sus éxitos tendrán efectos ejemplares para el mundo en vía de desarrollo.

Mientras las principales economías salen del modo crisis para tratar los problemas crónicos y profundos de la economía mundial, China ha desempeñado un papel activo.

Sus proyectos de infraestructura en beneficio mutuo en muchos lugares del mundo, especialmente en el Sudeste Asiático y en Africa, han ayudado a intensificar el ímpetu de crecimiento en las economías emergentes y en auge. Tal cooperación sur-sur es una medida útil para hacer fondo común entre los países en desarrollo.

La economía mundial ha experimentado un cambio significativo en el panorama tras la devastadora crisis de 2008. Para “reformar” la economía mundial, con el tema siendo tratado en Davos, los países desarrollados y las economías emergentes deben hacer esfuerzos conjuntos y actuar como “motor doble” del crecimiento global.

Para esto todavía queda mucho por hacer, desde fomentar la coordinación política hasta mitigar la tensión geopolítica. Pero como todos hemos aprendido con esta última crisis, en este mundo de destinos compartidos, no se puede dar marcha atrás.

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