Los holandeses ultiman los detalles de la coronación de Guillermo y Máxima

Por Publimetro Colombia

Ámsterdam, 28 abr (EFE).- Los holandeses ultiman los detalles para que en dos días, tras la abdicación de la reina Beatriz, sus príncipes herederos, Guillermo-Alejandro y Máxima de Orange-Nassau, tomen el relevo generacional y se conviertan en los próximos reyes de Holanda.

El 30 de abril, el “Día de la Reina”, es la fecha elegida por Beatriz para ceder la corona a su hijo Guillermo-Alejandro, el príncipe de Orange, y su esposa, la argentina Máxima Zorreguieta.

Pero las celebraciones comenzarán mañana con una cena de gala que se celebrará desde las 20.00 locales (18.00 GMT) en el Rijksmuseum.

Al convite acudirán personalidades de las casas reales de todo el mundo como los Príncipes de Asturias, Felipe y Leticia; Haakon y Mette-Marit de Noruega; Carlos y Camilla del Reino Unido y los príncipes Naruhito y Masako de Japón, a los que la reina Beatriz obsequiará con una visita al recién reabierto “Museo del Reino”.

A las 08.00 GMT del martes comenzará la ceremonia en el Salón de Moisés del Palacio Real de Ámsterdam, también conocido como el Salón de los Padres de la Ciudad, en el que la todavía reina de Holanda pronunciara un breve discurso que pondrá punto final a un reinado de 33 años.

En el momento en que Beatriz, Guillermo-Alejandro y Máxima, así como el resto de los testigos presentes en el acto, hayan firmado el “Acta de Abdicación”, el matrimonio se convertirá en reyes de los Países Bajos, mientras que Beatriz pasará a ser “princesa de los Países Bajos”.

La pequeña Catalina-Amalia, de nueve años, será nombrada princesa de Orange y ocupará el primer lugar en la sucesión del trono.

Sobre las 08.30 GMT Guillermo-Alejandro y Máxima saludarán a los holandeses por primera vez como reyes desde el balcón del Palacio Real de Ámsterdam, acompañados por Beatriz, y el rey dirigirá unas palabras a las cerca de 20.000 personas que se espera que se reúnan en la Plaza de Dam.

El himno nacional pondrá el broche al discurso del nuevo rey, tras lo que la nueva princesa heredera y sus hermanas, las princesas Alexia y Ariane, se unirán a su familia en el balcón.

Posteriormente, la familia real se dirigirá a la Iglesia Nueva (Nieuwe Kerk) para celebrar la ceremonia de investidura, a donde llegará el rey acompañado de un cortejo, que portará un baldaquino de redes blancas que, se cree, es un recuerdo del desembarco en las playas de Scheveningen en 1813 del entonces futuro rey de Holanda Guillermo I.

“Juro (prometo) ante los pueblos del Reino observar y respetar siempre el Estatuto del Reino y la Constitución”, serán las primeras palabras que Guillermo-Alejandro pronunciará previsiblemente en su discurso de investidura, en el que también se comprometerá a defender el territorio del país y la libertad y los derechos de los holandeses.

Guillermo-Alejandro no será coronado, en el sentido literal, ya que los reyes de Holanda nunca llevan corona a lo largo de su reinado, pero sí portará el manto real sobre un frac negro con corbata blanca.

Se trata de una prenda centenaria que han llevado todos los monarcas holandeses desde el siglo XIX y que ha sufrido múltiples transformaciones para ser adaptada a cada uno de ellos.

Durante la investidura, la corona y las otras insignias reales permanecerán sobre una mesa junto a una Constitución y al Estatuto del Reino: el cetro, que simboliza la autoridad del rey; el globo imperial, que representa el territorio del rey; la espada real, muestra del poder del rey; y el estandarte o pendón real, con el escudo holandés.

Sobre las 13.30 GMT se espera que el rey y la comitiva se dirijan al Palacio Real de Ámsterdam para celebrar una recepción para las misiones reales y extranjeras.

Dos horas más tarde, el rey y la reina escucharán la “canción del rey”, que precederá a la travesía real por las aguas del río Ij, tras la que asistirán con sus invitados a una fiesta final en el Muziekgebouw aan’t Ij.

El 30 de abril será también el último Día de la Reina, que a partir de ahora será el Día del Rey y se celebrará el 27 de abril porque es el cumpleaños de Guillermo-Alejandro, y dará paso a la primera “Noche del Rey”, durante la que los holandeses seguirán celebrando la coronación de sus nuevos reyes.

Buenos Aires, 28 abr (EFE).- La holandesa Ida van Mastrigt nunca pensó que llegaría a ver a una argentina sentada en el trono de los Países Bajos y que, como cónsul de la “pequeña Holanda”, le tocaría celebrarlo por todo lo alto en plena provincia de Buenos Aires.

“¡Una reina argentina! es un orgullo”, asegura esta holandesa nacida en Indonesia y argentina de adopción, toda una institución en Tres Arroyos, la primera colonia holandesa en Argentina, conocida como “la pequeña Holanda”, pese a que hoy sólo 240 de sus 46.000 habitantes son holandeses.

Por este terruño argentino, ubicado unos 500 kilómetros al sur de Buenos Aires, pasó en 2006 la reina Beatriz, acompaña de su hijo Guillermo Alejandro, y de su nuera, Máxima Zorreguieta, que el martes se convertirá en reina consorte de Holanda.

En aquella ocasión, recuerda Ida en una entrevista con Efe, “muchos lloraban de la emoción porque pudimos hablar con la reina frente a frente.. fue un día que no se le olvida a nadie en Tres Arroyos”.

El impacto que causó Máxima entre los vecinos fue todavía mayor: “La aman a Máxima, es una chica muy inteligente, muy carismática, habla el holandés perfecto. Casi es más popular que la reina Beatriz”, continúa Ida, que planea viajar a Buenos Aires para seguir en directo la ceremonia de investidura de la pareja real en los actos organizados por la embajada de los Países Bajos.

Ida es, también, la protagonista de la novela “Atardeceres argentinos”, sobre la aventura de su padre, Marinus Van Mastrigt, que viajó de Holanda a Indonesia en bicicleta en 1937 y regresó con dos hijas, quienes, con el paso del tiempo, darían el salto a América y terminarían radicándose en Argentina.

“Fui una de las últimas holandesas en llegar, en los años 50. Hace medio siglo que no viene ningún inmigrante holandés, y la comunidad originaria se ha quedado pequeña. Aunque son muchos los que hablan flamenco, esto se va a terminar”, admite Ida, de 73 años.

“Ya apenas se mantienen costumbres holandesas”, reconoce, pese a que Tres Arroyos cuenta con un colegio holandés -fundado en 1913-, una cooperativa agrícola holandesa creada en los años 30, un cementerio para la comunidad y una iglesia propia, la Iglesia Reformada de Tres Arroyos, fundada en 1908.

La primera oleada de emigrantes holandeses que se afincó en esta localidad de la provincia de Buenos Aires llegó hacia 1890 y se volcó en el trabajo de los llamados “campos de colonización”.

“La colonia de holandeses sufrió mucho la adaptación a la cultura criolla por la dificultad de comunicarse”, explica Carlos Arnoldo Groenenberg, descendiente de holandeses y director del diario “la Voz del Pueblo” de Tres Arroyos.

Las dificultades, continúa, “llevaron a los colonos a cerrarse en un grupo eremítico que costó dos generaciones romper”, y no fue hasta la tercera, la generación de los nietos, cuando se relajó el cerco y la colonia se abrió a matrimonios con miembros de otras colectividades.

Pero la ciudad, hoy conocida por su actividad agrícola y ganadera, no sólo fue un hogar para la colonia holandesa, sino que acogió a las más distintas comunidades durante el “boom” migratorio, entre finales del siglo XIX y principios del XX.

No es de extrañar entonces que el día del emigrante, el 4 de septiembre, en la localidad se levanten las banderas de sus principales colectividades: italianos, españoles, daneses, holandeses, franceses, sirios, libaneses y judíos.

Es, además, la única jornada en la que los holandeses recuperan algunas de sus tradiciones, visten a sus niños con trajes típicos y celebran con quesos y tortas.

“Dentro de 10 o 20 años sólo van a quedar de los holandeses las cabezas rubias y los ojos celestes”, lamenta Ida van Mastrigt.

Mar Marín

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