Níger, el hambre que no sacian las cosechas

Por Publimetro Colombia

Niamey, 25 may (EFE).- El déficit de cereales y de forraje para la ganadería, consecuencia de la sequía que afecta a las cosechas desde la campaña agrícola de 2010, amenaza a más de 8 millones de personas en Níger, donde las madres sufren más que nunca.

A primera vista Mintou Abdou, ama de casa y madre de cinco hijos, parece que hace tiempo que cumplió cincuenta años, pero en realidad apenas ha llegado a los 30.

Entregada en matrimonio por su familia cuando tenía 16 años a un hombre de cuarenta, Mintou mantiene en pie su casa, a sus cinco hijos, y a un sexto que está a las puertas.

“Vivo sola con mis hijos esperando el regreso de mi marido con la próxima temporada de lluvias” asegura esta joven maliense de Tondikiwindi, ciudad de la provincia de Ualam, a 120 kilómetros al norte de Niamey, capital del país.

Asegura que subsiste gracias al poco dinero que “de tiempo en tiempo” le envía su esposo para comprar comida.

“Pero no es nada fácil, sobre todo este año, que nuestro campo de mijo se ha malogrado debido al fin repentino de las lluvias en la pasada campaña agrícola”, asegura esta mujer que vive en un país que ha sido descrito por la ONG “Save the Children” como el peor lugar del mundo para ser madre.

El marido de Mintou y otros muchos hombres de la localidad se han visto obligados a buscar el jornal en otros pueblos, empujados por la necesidad, el hambre y la malas cosechas.

“Hace ya ocho meses que se ha ido y el último envío de dinero se remonta a enero. Mis reservas de comida se han agotado desde hace tiempo”, dice Mintou que ni siquiera terminó el ciclo de educación primaria.

Para alimentar a su familia alterna las labores del hogar con algunos trabajos fuera de casa.

“Para dar de comer a mis hijos hago trabajos esporádicos, como moler el mijo de otras familias que todavía tienen reservas”, explica esta joven maliense, que por su trabajo recibe un pago en especias que le permite “hacer gachas y alimentar a los niños”.

El caso de Mintou se repite en muchos hogares de Tondikiwindi, donde los maridos han optado por el éxodo para buscar oportunidades en otros lugares, dejando el pueblo sin mano de obra y obligando a las mujeres a ocupar sus puestos, a mantener los hogares y a cuidar de los niños y los ancianos.

Halimatou Daouda tiene 37 años, es la segunda esposa de su marido polígamo, que también eligió la emigración como opción para combatir el hambre que las cosechas del pueblo no sacian.

Al igual que Mintou, también busca trabajo como moledora de mijo a cambio de pequeñas cantidades de cereal. Una labor que, según dice, no siempre da sus frutos.

“Hay días que vuelvo con las manos vacías, sin encontrar grano, porque las familias que aún tienen reservas no necesitan siempre nuestros servicios”, confiesa Halimatou. Esos días, se conforma con “recoger plantas silvestres comestibles para calmar el hambre” de sus cinco hijos.

A la escasez que sufren muchos de los habitantes de esta localidad, se suma, entre otras cosas, la deficiente atención sanitaria, especialmente la maternal e infantil.

El único centro médico de la localidad sufre carencias incluso de medicamentos genéricos, como indicaron a Efe fuentes médicas.

Mintou tuvo sus cuatro primeros hijos en casa, con la ayuda de una matrona, pero “para la llegada del quinto me tuvieron que evacuar hasta Ouallam” debido a complicaciones en el parto, comenta, antes de mostrar su deseo de que no volver a pasar por la misma experiencia con el bebé que espera.

La vida en Tondikiwindi tampoco es una excepción en Níger.

El Dispositivo Nacional de Prevención y Gestión de Crisis Alimentarias advertía recientemente que la distribución gratuita de alimentos, la venta de cereales subvencionados o la creación de trabajos para ayudar a los 8,3 millones de nigerinos en situación de riesgo, estaba teniendo problemas por falta de recursos financieros.

En un comunicado publicado a mediados de mayo, este organismo aseguraba que gracias a su plan se había evitado la amplificación y propagación de la crisis alimentaria.

Según el Dispositivo, 12 millones y medio de ciudadanos se beneficiaron de estas ayudas entre noviembre de 2011 y abril de 2012 y trescientos mil niños menores de cinco años fueron atendidos por problemas de malnutrición.

“Los efectos de la crisis han sido atenuados”, celebraba este organismo estatal que, sin embargo, no dudaba en advertir de que “lo peor está por venir”.

Issa Ousseini

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