Invierno y falta de rumbo estancan a los indignados

Protestas. Los manifestantes están enfrentando las consecuencias de su carencia en toma de decisiones reales

Por Publimetro Colombia

Mayra Alejandra Margffoy Tuay / mayra[email protected]/ @ MayMargffoyT
 
“No basta con indignarse, toca comprometerse” fue la consigna que el escritor francés Stéphane Hessel defendió en su libro ‘Indígnese’ (2010), el cual fue inspirador para que los españoles se tomaran la Puerta del Sol de Madrid el histórico 15 de mayo con la formación de un campamento de protesta por la falta de empleo y las deudas exacerbadas. Sin embargo, esta indignación se replicó en otros países, como Estados Unidos, Inglaterra y Grecia, en conglomerados que han sido juzgados por los expertos por no tener un norte claro. El invierno congeló a los indignados, quienes han estado en pugna por defender su único referente espacial: un parque o un sitio dónde poder reunirse para fortalecer una identidad.
 
La City de Londres, Inglaterra, no ha dado su brazo a torcer en su lucha por desalojar a los manifestantes del movimiento ‘Occupy London”, quienes han permanecido aglomerados frente la catedral de San Paul desde el 15 de octubre del año pasado. El Tribunal Superior de Londres decide hoy si admite a trámite el recurso presentado por los protestantes contra su desalojo, luego de que el pasado 18 de enero el mismo estamento le diera la razón a la Alcaldía de la ciudad para que iniciaran la expulsión y así evitar la obstrucción de la vía y la alteración del orden público.
 
Los indignados de ‘Occupy Wall Street’ en Washington D.C. aseguraron, como en una especie de juramento, que no van a dejar de luchar. A comienzos de febrero la Policía comenzó a desmantelar los diferentes campamentos ubicados en zonas de la ciudad, especialmente la plaza McPherson, en la que fueron denunciados, según el alcalde Vicent Gray, problemas de salud, riesgo de incendio y exceso de ratas. 
 
Sí, a los indignados los congelaron las bajas temperaturas, pero también su falta de rumbo. “Se trata de un movimiento que lo arrasó, precisamente, la falta de rumbo y la carencia de un objetivo estratégico. Se ha sustentado, más bien, en una amalgama de emociones y pareceres que no se han concretado en la toma de decisiones. Aunque traten de convocar una y otra vez a través de redes sociales y otros medios, no pasará de ser una expresión sentimental sin un impacto político real”, aseguró a PUBLIMETRO Vicente Torrijos, politólogo de la Universidad del Rosario.
 
De acuerdo al experto, los movimientos de indignados, en diferentes facetas, han sobrevivido gracias a que las democracias los han observado y asimilado como formas de protesta legítimas frente al descontento, por ser de una naturaleza que rechaza la lucha armada. “En los países industrializados estos movimientos se han caracterizado por ser nihilistas, por desplegar una especie de fraternidad y ser una representación similar al hippismo de la década de 1960. En cambio, los países en vías de desarrollo no pueden darse ese lujo de cantarle a la luna y hacer poesía. La vida laboral y económica es más exigente y desigual. Los movimientos se han materializado en activismo en las calles con exigencias claras, como los estudiantes en Chile y Colombia, así como los movimientos indígenas en Bolivia”, agregó.
 
Puesto que no tienen claro que resultados tangibles quieren alcanzar, están defendiendo la única señal de identidad que los identifica: un referente espacial, un lugar donde puedan hacer una convocatoria tribal que, según Torrijos, promueven una convivencia física en medio del anonimato, del esfuerzo por lograr tomar decisiones y un reconocimiento cara a cara. “Se embriagan, danzan alrededor de fogatas en búsqueda de una identidad”, explicó.
 
Por ahora siguen batallando bajo temperaturas frías y sobreviviendo en un romanticismo que, en el transcurso del tiempo, se ha llegado a convertir en una marca registrada: ha promovido el turismo, ha sido motivo de contratos publicitarios y no ha quedado por fuera de la dinámica del consumismo fomentada por las transmisiones de televisión e incluso el cine.
 
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