El pasado 11 de abril, en plena campaña presidencial, en plena calentura electoral y ante las fuertes críticas que recibió días antes, Iván Duque señaló que en su gobierno no se haría fracking: “Acá tenemos una sobreposición de ecosistemas diversos y complejos, acuíferos subterráneos de enorme riqueza y unos riesgos de mayor sismicidad por los tipos de suelo que tenemos. Por esto he dicho: ¡en Colombia no se hará fracking en mi gobierno!”.

La opinión, que le había cambiado desde que era precandidato presidencial, lo alejó de la polémica ambientalista de buscar, por medio de la fractura de la tierra, nuevas fuentes de petróleo, en busca de reservas; sin embargo, esto podría cambiar.

En entrevista con varios medios nacionales, María Fernanda Suárez, la ministra de Minas y Energía recién nombrada, aseguró que intentará convencer al ahora presidente Duque de implementar el fracking como tecnología de extracción para aumentar las reservas de crudo que tiene Colombia.

“Después de 100 años de la industria del petróleo en Colombia, creo que con estándares regulatorios exigentes es posible hacer fracking de manera responsable”, aseguró Suárez.

En entrevista con Blu Radio, Felipe Bayón, presidente de Ecopetrol, aseguró que las reservas petroleras alcanzan para siete años –lo que es poco– y que por esto estaban buscando nuevas fuentes que aportaran más barriles de crudo para procesar y aumentar las reservas; también, que esto le daría un buen impulso a la economía colombiana.

Sin embargo, César Ferrari, Ph.D. en Economía de la Universidad de Boston, señala que pensar en fracking desde la activación económica es un desacierto. “Habrá una sustitución muy acelerada de petróleo en el mundo, porque cada vez vamos hacia las economías sostenibles. La oferta de petróleos pesados, que son los más costosos, se va a reducir precipitadamente. Es un despropósito que se siga pensando en fortalecer a una economía que va en declive en todo el mundo”.

El senador Gustavo Petro, excandidato y opositor de la extracción minera como actividad económica, habló sobre la propuesta de la ministra de hacer ‘fracking responsable’.

“No existe el fracking responsable. Los países, por las dudas que suscitan las consecuencias y por el principio de ‘precaución con la vida’, han decidido o prohibirlo, como propuse para Colombia, o generarle una moratoria. Son irresponsables quienes lo quieren para el país”, afirmó en su cuenta de Twitter.

“Quiero tener una conversación educada y seria –aseguró la ministra en una entrevista en El Espectador– y voy a trabajar en equipo con el ministro de Ambiente, y mi trabajo comienza por convencer al presidente Duque de que el fracking se puede hacer de manera responsable y segura. Él está a la expectativa de cómo abordamos una discusión seria y qué concluimos. Lo que él tiene como prioridad es asegurar que cualquier decisión que tomemos tenga absoluta responsabilidad con el medioambiente y que no se pongan en riesgo las fuentes hídricas”.

Pero las opiniones han sido muy fuertes y van en contravía de la propuesta de la ministra. Esto implicaría una nueva guerra entre ambientalistas y sectores promotores de consultas territoriales para la prohibición de estos mecanismos mineros en el país.

“Hacer ‘fracking responsable’ es una falacia por tres razones. La primera es que utiliza muchísima agua. Para construir un pozo se necesitan entre nueve y 29 millones de litros. Además, entre el 15 y el 80% de los fluidos salen con rastros contaminantes. Segundo, hay un impacto muy grande en la biodiversidad con medidas irreversibles. Tercero, tiene implicaciones sociales porque dañan los sistemas económicos de agricultura y ganadería, pues  los pobladores se ven afectados por la contaminación de los ríos. El fracking va en contra de la tendencia global  de migrar a energías verdaderamente limpias y amigables”, señala Silvia Gómez, coordinadora de Greenpeace en Colombia.

“Aquí los jóvenes se rasgan las vestiduras asegurando que el fracking y la minería son lo peor, pero no saben cómo sustituirla y no saben en qué consiste. Acabar con estos sectores de la nada no es benéfico. Lo que sí es una desfachatez gubernamental es que se permita y no se ataque la minería ilegal, esa que se hace a cielo abierto, esa que draga y mata los ríos”, señala Germán Vargas, Ph.D en Geología de la Universidad Nacional, que le apuesta al fracking.

Por ahora, la decisión quedará en manos de Iván Duque, que ya se opuso a la idea en medio de su campaña y que propuso un tránsito responsable a energías limpias, pero que ha sido allegado a sectores en los que la posibilidad de fracturar la tierra suena bien y rentable. 

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