Llámelo como quiera: hablar, echar carreta, echar rulo, conversar, chismosear, ejercer el diálogo a través de la oralidad, desatrasar cuaderno. El término que usted utilice lleva al mismo puerto: establecer una acción en la que dos o varias personas se comunican por medio del habla. Todo lo anterior se resume en una tertulia. La palabra me encanta, tiene magia, tiene sonoridad, tiene poder y es claro que con la herramienta de la acción dialógica el hombre, a lo largo de su historia, ha logrado el progreso.

Sentarse a hablar con otro, mirarlo a los ojos, prestarle parte del tiempo para atender un mensaje, el que sea, es un acto valioso. Tan valioso que lo hemos perdido con la pantalla táctil de nuestros celulares con la cabeza gacha, los ojos enfocados en la iluminación, la retina absorta y lela ante lo que tenemos en frente. Es una burbuja hecha de redes, WhatsApp, fotos o lo que sea, pero ahí estamos, perdiendo el mundo externo. Nos hablan y respondemos sin mirar al otro. El respeto va para el celular, no para el humano que también nos habla armado de su teléfono.

Y es así como nos diluimos en el marco de lo no personal. Se nos olvida sentir al otro, oler al del frente, analizar sus expresiones, sufrir o reír con ellas. Una buena conversada lleva al conflicto, a la reconciliación, al amor, al desamor, a la risa, al llanto, a concretar cosas y deja esa sentida frase que cada día perdemos más: “¡Ese tipo o esa vieja cómo habla de bueno! ¡Hipnotiza!”.

La tertulia es ese escenario que se da en el comedor, en la sala, en la oficina, en el metro o en la tienda de la esquina al son de unas cervezas. Sus reglas son básicas y van desde el respeto, la sana interrupción y el no caer en indignación. Y por más que todo suba como espuma, al final es el diálogo el que gana. Así lo hacían nuestros abuelos y padres. Una cafetería, un tinto, la tienda del barrio, unas polas, media de guaro, política, deporte, anécdota va y viene, pasa una mujer bella, hay pausa, sigue fluyendo la tertulia, flota en el ambiente la cultura, hay ganancia de lado y lado, risa va y viene, el tiempo pasa volando y las preocupaciones quedan en un estado de anestesia.

Y es así como en medio de esta avalancha llamada velocidad de vida con el celular en la mano, hablar entre nosotros, dilucidar el alma de otros a través de sus ojos y de su oralidad, nos ha dejado huérfanos de buenas conversaciones. Y, amigos, es ahí donde perdemos lo personal, donde se nos congela el alma, donde la humanidad se nos queda en el chat. Nada más carente de calor que ese escenario. Nada más bello que desnudarnos la esencia en medio de una tertulia.

Por eso soñaba junto a un grupo de amigos un programa dedicado al rescate de la oralidad en medio del desparpajo, la risa, el respeto y la anécdota. Se llama La tertulia de Nacional es pasión (no es necesario que sea hincha de Nacional para verlo, despréndase de eso y disfrute de charlas de fútbol) y en cada emisión cuenta con invitados de primer nivel a los que se les humaniza en medio de la tertulia misma y se crea un ambiente muy agradable. Es todos los lunes a las 8:00 p.m. en todas las redes de la cuenta @nacionalspasión.

Excusen la autopauta, pero vale la pena, hay que tertuliar más y chatear menos. La vida lo agradece.

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