¿Vale la pena seguir llamando disidentes a los miembros de las Farc que aún siguen delinquiendo? Este debate recientemente volvió a tomar fuerza después de los constantes ataques en la frontera con Ecuador que terminaron con la muerte de cuatro policías ecuatorianos y luego con tres miembros del diario El Comercio, de Quito.

Con estos hechos, atribuidos al frente Oliver Sinisterra que delinque en Nariño y varias poblaciones ecuatorianas fronterizas, parece que las disidencias de las Farc se estuvieran fortaleciendo más que disiparse y, como consecuencia de este fenómeno del posconflicto, han nacido estructuras criminales que se alejan de un ideal o modelo de guerrilla.

Así lo manifestó el Presidente Juan Manuel Santos al terminar el primer evento en la Cumbre de las Américas. “Estos son criminales dedicados al narcotráfico y sobre ellos caerá todo el peso de la ley y de la efectividad de nuestras Fuerzas Armadas”, dijo Santos, quien luego agregó que quienes están delinquiendo en la zona fronteriza son bandas criminales y subrayó que “las Farc ya no existen”.

Según el informe Trayectorias y dinámicas territoriales de las disidencias de las Farc, publicado por la Fundación Ideas para la Paz (FIP), a enero de 2018 había en todo el territorio nacional estructuras criminales conformadas por unos 1200 a 1400 hombres, de los cuales no se sabe exactamente cuántos son disidentes de las Farc.

En todo caso, agrega el informe de la FIP, no todos los grupos que han surgido en los últimos dos años son disidencias en su totalidad. “En primer lugar, no todos los miembros de estos grupos ingresaron ni pertenecieron a las Farc en calidad de combatientes, ni mucho menos se acogieron a los principios de disciplina, clandestinidad y lealtad que supone cualquier grupo insurgente o rebelde”, dice el análisis.

Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), explicó a PUBLIMETRO la complejidad de usar el término disidencia o banda criminal.

“En cualquier caso, (las disidencias) son grupos armados involucrados en el crimen organizado. No deberíamos pensar que, o se es una organización criminal o se es un grupo disidente o se es un grupo guerrillero. Tenemos que pensar que al tiempo pueden llegar a ser una organización criminal y una organización guerrillera”, dijo.

Para Restrepo, el caso de las disidencias en el país es complicado, aunque antes ya se habían presentado casos similares con otros grupos desmovilizados.

“Una guerrilla comete acciones contra el Estado de derecho, contra las instituciones y contra la sociedad, en muchas ocasiones, a través del terrorismo. En este momento lo que pasa con el frente Oliver Sinisterra es que, sabiendo eso, está cometiendo atentados contra oleoductos y estructuras energéticas precisamente para tratar de buscar un reconocimiento como una organización guerrillera o por lo menos atribuirse un reconocimiento político. Eso mismo han hecho Los Pelusos en el Catatumbo y el Clan del Golfo”, dijo el director del Cerac, quien agregó que “a esos grupos les consume el tiempo y todos sus recursos traficar con droga. Entonces, por más que hagan un esfuerzo por presentar algunas de sus acciones como guerrilleras, siempre caen en el delito del narcotráfico”.

De hecho, en las 17 estructuras disidentes confirmadas por la FIP con presencia en todo el país, la mayoría coinciden con actividades como fabricación y tráfico de estupefacientes aunque las acciones que se les atribuyen varían en cada zona.

Finalmente, será el modelo criminal y narcotraficante lo que le permitirá al Gobierno poner en marcha operativos que le permitan a las Fuerzas Militares utilizar todo su potencial contra estas personas que son consideradas hoy como un objetivo militar de alto valor.

¿Quiénes conforman el frente Oliver Sinisterra?

La organización liderada por alias Guacho, uno de los principales disidentes de las Farc, es la responsable del secuestro y posterior asesinato de los tres trabajadores del diario ecuatoriano El Comercio.

Este grupo criminal, autodenominado Frente Oliver Sinisterra, fue conformado por exmiembros del Frente 29, la Columna Móvil Daniel Aldana y la Columna Móvil Mariscal Sucre, según el informe de la FIP. Son los que delinquen en Ecuador y en el sur de Nariño, aunque tienen una fuerte presencia en Tumaco.

De los 1400 miembros que posiblemente conforman los grupos disidentes, solo este frente tendría casi 500 hombres hasta enero de 2018.

Acuerdos entre gobiernos de Ecuador y Colombia

Ayer, en Quito, se reunieron la canciller ecuatoriana, María Fernanda Espinosa, la colombiana María Angela Holguín, y los titulares de Defensa de Ecuador, Patricio Zambrano, y de Colombia, Luis Carlos Villegas.

Desde el asesinato del equipo periodístico de El Comercio en territorio colombiano, ambos países se comprometieron a redoblar esfuerzos y personal en la frontera para hacer frente a la inseguridad protagonizada por los grupos armados residuales que se dedican al narcotráfico.

Los dos gobiernos se comprometieron a adoptar “acciones coordinadas” en el área fronteriza para impedir las actividades ilegales de estos grupos. “Queremos reafirmar las buenas relaciones entre los gobiernos de Colombia y Ecuador, relaciones que nos permiten seguir pensando que las estructuras mafiosas no se van a apoderar de nuestros países”, dijo el ministro ecuatoriano, Patricio Zambrano.

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