Un trágico suceso sacudió a los habitantes de la zona rural de Santander (Bucaramanga) a finales de abril del 2017, cuando una mujer envolvió a su hijo recién nacido en un costal, lo incineró y lo arrojó a una cañada.

No obstante, en ese momento las autoridades la dejaron en libertad porque era posible que el pequeño hubiera nacido muerto, caso en el que no se habría cometido el delito de homicidio. El hecho fue denunciado por el tío de la joven, quien era el único que convivía con ella en una finca.

Nueve meses más tarde, la mujer de 20 años decidió entregarse a la Fiscalía luego de que las pruebas de ADN y la necropsia practicadas al cuerpo del pequeño demostraran que había nacido vivo y que su muerte no había sido un accidente.

Así, el dictamen de fallecimiento por hipotermia y quemaduras indicó que la mujer era la responsable y será procesada por el delito de homicidio agravado. Por lo pronto se encuentra recluida en la cárcel de mujeres de Santander.

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