El 5 de julio de 1999, en la vereda el Minipí del municipio de La Palma, en Cundinamarca, hombres armados ingresaron a la finca El Molino y ultimaron a tiros a Óscar Emilio Useche y a tres de sus cuatro hijos varones. Este territorio ha sido uno de los más afectados por el conflicto armado entre paramilitares y el frente móvil Policarpa Salavarrieta de las hoy extinguidas Farc.

El terror se apoderó del municipio cuando en una asonada de violencia, a cargo del líder paramilitar que ensombreció a muchos cundinamarqueses, Eduardo Cifuentes, alias el Águila, quien hoy está purgando condena en Guaduas, hombres armados desplazaron a los lugareños. Las amenazas sobre más masacres y asesinatos llegaron y Emiro Useche, el único de los cuatro que no fue masacrado,  huyó del pueblo con su esposa María Susana Méndez.

“Nos fuimos para Bogotá y con el dolor del alma dejamos nuestra vida en La Palma. Dejamos nuestra tierra y nunca volvimos a atravesar la puerta pintada de rojo que tenía nuestra casa”, cuenta Emiro Useche.

En un evento al que asistió  el presidente Juan Manuel Santos; el ministro de Agricultura, y el jefe de la Unidad de Restitución de Tierras, Ricardo Sabogal, a Emiro le hicieron la entrega formal de su finca, dos predios llamados El Minipí y El Molino, de 17 hectáreas, la casa y un proyecto productivo con el cual la familia Useche Rojas se alimenta desde hace varios meses.

Y aunque a Emiro se le ve la cara de felicidad, ha sufrido los embates de la guerra y lo cuenta con impotencia, pero con un tono de esperanza que conmueve y hace sentir que las tragedias de la ciudad son pequeñas, comparadas con el terror de una vida, que según Emiro, “no tenía futuro”.

“Los mataron y nos masacraron el alma. Salimos corriendo y, sumado a nuestro dolor por perder a la familia y dejar abandonado todo, pasamos por todo tipo de necesidades”, narra Emiro.

Luego de salir de La Palma, en donde Emiro tenía todo, su tierra, su familia, sus amigos y su arraigo, se fue a Bogotá. “Pasamos todo tipo de necesidades que nos llevaron a trabajar barriendo calles, cuidar jardines, cuidar casas y pintar apartamentos. Realizamos todo tipo de tareas que nos permitieran salir adelante”, cuenta Emiro.

En 2015, luego de muchos trámites, Emiro recibió una sentencia en la que una juez le aseguraba que podía volver a su tierra y que el Estado le iba a ayudar a recuperarse económicamente.

Estuvo desplazado por 20 años. Cuando volvió, se sintió impotente viendo cómo la maleza llenó su casa. Vio su puerta roja y dijo que no volvería a entrar por allí.

“Volver a entrar por esa puerta va a ser muy emotivo. Voy a tener ahora un recuerdo diferente que el de la muerte de la familia”, contó nervioso Emiro. No solo por el suceso, sino porque en minutos llegaba el presidente a ponerle atención a él y a su familia.

En las calles de La Palma, los postes están atiborrados de publicidad de candidatos a la Cámara de Representantes y al Senado.

“Esa gente solo viene cada cuatro años, cuando les sirve el voto de uno, pero creo hoy en la paz y creo un poquito más en las instituciones y en el Estado”, cuenta Emiro. Y es que luego de que inició la labor con la Unidad de Restitución de Tierras, el proceso fue largo.

Emiro recibió sus tierras, además de un proyecto productivo en el que le entregaron recursos por 26 millones de pesos para cumplir un sueño: ser ganadero. Con orgullo, el padre de familia y Susana, su esposa, callada y emotiva, le mostraron a Santos las 20 vacas y un ternero con los cuales empezaron su proyecto.

“Tenemos un galpón con 100 gallinitas, y cuando nos dieron la plata, compramos tres vacas y 13 terneros que se han ido multiplicando”, cuenta Emiro.

Cuando se le pregunta por qué es tan importante para él la tierra, se dibuja una sonrisa de oreja o oreja en su cara: “Es que la tierra lo es todo.  Es la que nos da la comida. Solo necesitamos sembrar una mata de plátano, de yuca, de maíz y la tierra da. Es nuestra historia y es nuestro presente y futuro. Lo vamos a heredar a nuestros hijos”.

Sobre los hechos del día que cambió su vida, habla con la voz entrecortada: “No sé si pueda hablar de perdón. No sé si esa palabra salga. Es muy difícil, solo la víctima siente el dolor, pero lo que sí puedo decir es que esto, que le devuelvan a uno la tierra, la esperanza, puede ayudar a que uno no sienta rabia. Esto ayuda a pensar en que llegue un día para perdonar”, señala Emiro.

La restitución de sus tierras y la conformación de un proyecto productivo, para Emiro y Susana es renacer.

“Siento que esto es volver a la vida, es como nacer de nuevo. Siento que me convertí en otra persona, ahora vine a restituir y a aportar a mi municipio. Es muy lindo llegar y capacitar a la gente, poder dar trabajo y retribuir. Faltan muchas cosas, pero esto es un gran paso”, señala Emiro.

“Pido que nos ayuden con agua, alcantarillado y vías. Es difícil tener un proyecto productivo y no tener cómo vender la mercancía, pero todo es un paso y lo más importante es decirle a la gente que tenga fe. Se puede demorar a veces, pero hay que confiar, hay que confiar en los procesos y hay que tener fe en la paz del país. Solo así vamos a crecer, vamos a darle valor al campo y vamos a volver a nacer del dolor”, comenta Emiro.


Pregunta y respuesta: Ricardo Sabogal, director nacional de la Unidad de Restitución de Tierras:

¿Qué se le entrega a un beneficiado de restitución?

En el caso de Emiro Useche, que fue desplazado por los paramilitares, se le entrega el título de propiedad sobre su tierra, se le da un proyecto productivo que puede ser café o ganadería y además se le entrega una vivienda para que viva dignamente.

¿Cuáles fueron las zonas más beneficiadas con la restitución?

Cundinamarca fue un departamento golpeado, pero no tanto como otras zonas del país. En el territorio se intervino La Palma, una de las zonas más afectadas; Yacopí, un municipio golpeado por los paramilitares; Guaduas, y se están verificando los casos de Sumapaz. En total serán 800.000 predios restituidos en este departamento.

¿Cuál ha sido el reto más grande?

En definitiva, que la gente vuelva a creer en las instituciones. Creo que esta es la política más bonita del Gobierno y será lo más importante como política de Estado. Mucha de la gente que salió de acá salió dolida, fueron los que pusieron las lágrimas, los que quedaron huérfanos, entonces una de nuestras tareas más grandes es volver a meternos en esos corazones y decirles que acá está el Estado, para que confíen y puedan renacer.


Cundinamarca, el departamento que avanza

Uno de los retos más grandes para la Unidad de Restitución en Cundinamarca es la de dar respuesta a las 3400 solicitudes recibidas, desde la entrada en vigencia de la Ley 1448 de 2011, de las que faltan casi 600, pero asegura que estas serán resueltas en 2018,

“La meta para 2018 es resolver las 590 solicitudes restantes y llevar las reclamaciones ante los jueces de restitución para que sean ellos quienes finalmente decidan sobre la propiedad de los predios”, afirmó Fabián Oyaga, director de la Unidad de Restitución en Cundinamarca y Boyacá.

Hasta la fecha, cerca de 500 personas han sido favorecidas con la restitución de sus tierras en Cundinamarca y han recibido beneficios como proyectos productivos, vivienda y condonación y exoneración de deudas, entre otros.


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