Las pasadas elecciones del 11 de marzo marcaron varios importantes hitos en la historia electoral de Colombia. La participación de las Farc como partido político y alejadas de las armas; la conformación del Congreso con algo de renovación, pero encaminado en las herencias políticas de viejos cacicazgos manchados por nexos con la corrupción y, por último, la reducción del abstencionismo.

En las elecciones legislativas de 2014, solo 44,8% de los colombianos habilitados para ejercer el derecho al voto participó. La abstención fue de más de 55%. Para este año, académicos y analistas preveían un aumento en el abstencionismo, que sería causado por la crisis que el país afronta en términos de corrupción en todas las escalas del poder público: la permeación de dineros “oscuros” de Odebrecht en las campañas presidenciales de Juan Manuel Santos y el uribista Óscar Iván Zuluaga; el destape del ‘cartel de la toga’ que involucra a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y congresistas que habrían pagado para que cesaran investigaciones en su contra y la poca fiabilidad que tienen los ciudadanos de los políticos tradicionales.

Contra todos los pronósticos los colombianos participaron más en estas elecciones políticas. Con 47.8%, Colombia redujo un poco el abstencionismo, pero ¿es este un gran logro para nuestra democracia? La experta en dinámicas electorales de la Universidad El Bosque, María Margarita Martínez Garbiras, asegura que el hecho de que hayan salido a votar más colombianos es importante, pero la cifra de los que no participan, sigue siendo crucial.

“Aunque las situaciones no son iguales que en la década de los noventa, cuando la abstención fue menor que la participación superando cualquier expectativa (55,5% Senado y 55,39% Cámara), sí hay un punto que vale la pena resaltar: hay un ejercicio interesante de participación ciudadana que gira alrededor de unos temas y problemáticas puntuales: paz, corrupción, medio ambiente, etc. Es decir, pareciera que alrededor de estos tópicos se ha comenzado a tejer una movilización ciudadana relevante”, señala la experta en temas electorales de la Universidad  El Bosque.

Para la profesora Martínez Garbiras, los ejercicios de participación ciudadana de estas elecciones responden a un interés de movimientos por diversas causas sociales que convocan al apasionamiento por elegir y sentirse representado, en especial la participación de los jóvenes que se han apoderado de espacios de participación.

Uno de los puntos vistosos, fue la participación de los jóvenes en las elecciones. Varios de los denominados ‘millenials’, adultos jóvenes que han sido educados por una revolución tecnológica, hicieron parte de las listas que los partidos políticos registraron meses atrás.

Partidos y movimientos como la lista de la Decencia, presentada por el candidato presidencial Gustavo Petro; las listas de la Alianza Verde y del Polo Democrático establecieron que serían los jóvenes los que se tomarían la posibilidad de cambiar el rumbo de las elecciones legislativas que tienen a varios candidatos de esta generación, próximos a asumir las curules en el Capitolio Nacional.

“Buena parte de esa movilización se debe a los jóvenes y a diferentes movimientos de la sociedad civil que vienen liderando procesos importantes asociados a dichos temas y problemáticas, pero sobre todo a la esperanza de construir un país diferente. Aunque suene paradójico por los resultados del plebiscito de 2016, la paz mueve, el tema del medio ambiente mueve, la corrupción lo hace también, y todo lo anterior pareciera estar ligado al discurso de los jóvenes y su intención de cambio”, señala la experta de la Universidad  El Bosque.

Pero además de la participación activa como electores, Martínez Garbiras destaca la importancia de los jóvenes como votantes y formadores de la democracia y eso se podría palpar en las elecciones de mayo.

Para la experta de la institución de educación superior, la importancia de los jóvenes en estas elecciones presidenciales que se acercan, debería ser de vital importancia para los candidatos y los planes de gobierno del sucesor de Juan Manuel Santos en la Casa de Nariño.

“En el último censo electoral se estableció que hay 1.300.000 ‘primovotantes’. A estos nuevos votantes se les suman los menores de 30 años que también están habilitados para participar electoralmente. Por lo tanto, este es un número interesante de posibles electores que no pueden pasar desapercibidos por aquellos que buscan llevarse el premio mayor este 27 de mayo”, afirma Martínez Garbiras.

Sin embargo, “cabe recordar una de las enseñanzas que nos dejó la ‘Ola Verde’ (nombre del fenómeno en el que jóvenes decidieron apoyar a Antanas Mockus en 2010 y no salieron a votar) y los procesos electorales siguientes fue que, si bien los jóvenes se mueven políticamente en redes sociales (Facebook y Twitter), no necesariamente ese dinamismo se traduce en un respaldo real el día de las elecciones. Los candidatos deben centrarse en esa cuestión, porque ahí podría estar la diferencia entre ganar o perder en primera vuelta”, señala la experta en dinámicas electorales de la Universidad del El Bosque.

Otro de los temas que incidió en la participación, para Martínez Garbiras la polarización que vive el país, también motiva a que la gente.

“Este clima de polarización mueve las emociones del elector, tiene la capacidad de trascender cuestiones tan importantes como votar por las propuestas de los candidatos o la motivación partidista, que en una etapa de la historia colombiana, jugó un papel importante”, señala Martínez Garbiras.

Las consecuencias del plebiscito por la paz de octubre del 2016 y el ambiente tensionado entre derecha e izquierda, más la moderación que aplican algunos de los candidatos, podrían ser la base para que la participación aumente en elecciones presidenciales, pero todo depende de algunos factores.

“Algo importante para resaltar es que, incluso en las presidenciales superar el 50% no es tarea fácil. En buena medida lo que pase de aquí al 27 de mayo estará guiado por las estrategias de campaña. Lo anterior depende de cuestiones asociadas a la competencia: cuanto mayor sea la competitividad en primera vuelta, más gente vota en segunda”, señala la experta de la Universidad  El Bosque.

Finalmente y con las cartas sobre la mesa, Martínez Garbiras afirma que el ambiente electoral, la competencia y factores como un proceso de paz con las Farc tan reciente, pueden hacer que el abstencionismo baje, pero gradualmente, porque “normalmente los cambios toman tiempo y en este sentido, cambiar la mentalidad de las personas en cuanto a participar, debe ir acompañada de un esfuerzo institucional importante: pedagogía política. Y en esa materia, el Estado colombiano tiene una deuda importante”, puntualiza la profesora de la Universidad del El Bosque.

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