Entre lágrimas los propietarios vieron cómo se derrumbaron sus sueños y sus esperanzas. El día que menos esperaron llegó y una ensordecedora sirena fue la encargada de marcar el minuto previo en el que el edificio Bernavento se convirtió en una nube de polvo y escombros.

Algunos de los residentes decidieron ser testigos del instante en el que el edificio dejara de existir. Creían que ya habían hecho el duelo, pensaban que ya su mente estaba fría y que lo único que faltaba era ver con sus propios ojos el derribamiento de la estructura.

Sin embargo, lejos estaban de creer que el corazón le ganaría la batalla a la razón y la mezcla de sentimientos les jugaría una mala pasada. El llanto desconsolador los invadió y lentamente los derrumbó.

El viacrucis de los propietarios

Melisa Vanegas, propietaria del apartamento 203 del edificio Bernavento, recuerda que el problema grave con la estructura inició desde hace tres años, en el 2015. Sin embargo, un par de años atrás un daño visible en la fachada había encendido las alarmas.

A la fachada le faltaba un proceso de hidrofugado, que es el que se requiere para que las tablillas resistan al sol y al agua, explicó, ademas dijo que “eso era lo único que tenía, porque de resto todo estaba bien”.

Con la caída del Space, en el 2013, uno de los vecinos llamó al Dagrd, Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres, para que hicieran una visita de rutina. “Ellos dijeron que todo estaba bien. Notaron las grietas y les pareció normal lo pasaba con la fachada”.

En el 2015, decidieron hacer estudios de patología y de suelo. “Ahí se dan cuenta que el edificio tiene un dictamen difícil porque tiene una falla estructural”. Los propietarios empezaron a analizar las opciones que tenían para salvar al edificio y decidieron aportar  cuotas extras por 38 millones de pesos cada uno para poder atender la problemática.

Melisa es enfática al decir que “la Constructora Bernavento nunca se manifestó, ni Desarrollo Contemporáneo, que eran los que la lideraban. Tampoco Jorge Aníbal López, Rafael Aníbal López ni Jorge Aristizabal, que era el mismo calculista de CDO y el Space”.

“Decidimos dar la cuota extra y hacer ese esfuerzo porque ninguno de estos personajes decidió dar la cara. En el proceso del estudio nos hicieron desalojar, fue voluntario, pero eso no deja de ser agresivo. Debimos buscar dónde quedarnos, algunos se fueron con familiares y otros arrendaron”, comentó Melisa.

El desalojo voluntario se realizó en junio del 2016, pero solo hasta febrero de 2018, un año y medio después, recibieron la licencia de reforzamiento por parte de la Curaduría primera de Medellín. “En febrero empezaron las labores, pero lamentablemente el 12 abril nos indicaron que era un enfermo terminal y que ya no tenía cura”.

El duelo

Natalia Rueda Dávila, también desalojó su apartamento desde junio del 2016 con la esperanza de volver. Ahora entre lágrimas acepta que el duelo, que creía superado, apenas comienza para las 48 familias del Bernavento.

“Hemos tenido momentos de altibajos donde pensamos que la estructura podía tener alguna salvación, pero no fue así. Allí se derrumbó nuestro trabajo, nuestros ahorros, nuestro patrimonio, todo lo que teníamos”, comentó Natalia, muy afectada emocinalmente.

A pesar del dolor profundo que siente Natalia, al igual que el resto de los propietarios, considera que aún le queda volver a soñar y recuperar la esperanza para poder empezar de cero.

El futuro incierto

Para Melisa el panorama es negro y desconsolador, porque no existe claridad sobre a quién se le hará el cobro de los 2467 millones de pesos que costó el derribamiento del edificio. “No tenemos como saldarlos, entonces en el peor de los casos, el terreno sería el aval para esa deuda, porque no tenemos otro patrimonio en estos momentos”.

Aunque se han reunido en varias oportunidades con el municipio y les han indicado que no pueden asumir el gasto, porque ese dinero es público; con lo que los propietarios están de acuerdo; pero no coinciden es con la ley, porque en esta se indica que el cobro se le debe efectuar a los propietarios del bien.

“En este caso es donde entra la controversia y la injustica para con nosotros, porque somos unas víctimas y nos quieren revictimizar con ese cobro. Esto ha sido muy doloroso porque para  nosotros la actuación de la constructora fue con dolo”, agregó Melisa.

Los propietarios esperan poder recuperar su patrimonio, puesto que han debido seguir pagando hasta abril de 2018 los créditos hipotecarios, las pólizas de seguro, los servicios públicos, la administración y el impuesto predial, lo que en promedio ha significado para cada uno cerca de 350 millones de pesos.

El derribamiento

Como estaba previsto a las 10:00 a.m. sonó la última sirena que anunciaba la detonación de los 50 kilos de explosivos de indugel, con lo que se le daba el paso al derribamiento del edificio Bernavento en la Loma de los Bernal.

Jaime Enrique Gómez, director (e) de Dagrd, explicó que con este derribamiento se está eliminando un riesgo para la vida de los propietarios como para los vecinos del sector y agregó que “todo salió como estaba planeado”.

Según el reporte de los técnicos, no se presentaron daños en las redes de servicios públicos ni afectaciones en las viviendas aledañas. Sin embargo, los habitantes del sector tienen tres días para hacer las reclamaciones por daños que encuentren en sus propiedades derivadas del procedimiento.

Por su parte,  Rogelio Gómez Escobar, gerente de Atila, la empresa encargada del derribamiento, indicó que “el edificio cayó para el lado que era y aparentemente no hay daños en los edificios vecinos. Siento dolor por las familias que perdieron sus apartamentos, por eso no hablo de éxito, solo cumplimos una misión sin hacerle daño a los vecinos”.

Una parte del edificio cayó prácticamente entera, a lo que Gómez explicó que eso era justamente lo que se esperaba durante el proceso de derribamiento de la estructura. “La caída duró 6 segundos, lo último que cayó casi entero fue el ascensor y el polvo se mimetizó en 4 minutos”.

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La frase

“Exigimos que el gobierno tenga más control, porque si es un buen garante de los derechos de los ciudadanos, ninguna situación como esta se estaría presentando y afectando a ninguna familia”, Melisa Vanegas, propietaria del edificio Bernavento.

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La cifra

6 segundos se demoró en caer el edificio Bernavento.

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