En 2005 un ciudadano chino terminó con la vida del tío de su esposa, en una pelea por una deuda de 500 guantes -unos $47 mil- y desde ahí dejó de hablar.

La idea era evitar que lo reconocieran por su voz y evitar la cárcel.

Pasaron doce años, en los que fingió ser mudo para evitar las investigaciones y se transformó en una nueva persona.

Tras huir de su casa y formar una nueva familia, la policía comenzó a sospechar de Zeng -como ha sido nombrado- por la falta de documentos de identidad.

Así es como tras verificar su huella genética, lograron determinar que era responsable del crimen, pero al momento de intentar confesar, el sujeto se dio cuenta de que había perdido su capacidad de hablar.

Sobre su insólita decisión de “volverse mudo” el hombre escribió a la policía en un papel que lo hizo porque “cuanto menos digo, menos posibilidades tengo de cometer un error”.

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