Los milagros no suceden dos veces. El comodín de la Roma fue usado en cuartos de final, ante el Barcelona. Ahora, ante el Liverpool, la suerte no fue tanta y aunque el milagro estuvo al alcance de la mano, no llegó.

Eusebio Di Francesco, técnico romano, escondió sus cartas y de nuevo sorprendió como ante el Barsa. El equipo local salió a jugar de igual a igual, a matar o morir en la arena del Olímpico. Muy temprano, comenzó a morir.

Cuando la Roma lo intentaba con pocas ideas, pero con el coraje que mostró en esta edición de la Champions, un error de Radja Nainggolan mandó a la ‘Loba’ al foso de los leones. Pase errado del belga, que capitalizó Roberto Firmino para habilitar Sadio Mané y el senegalés no perdonó de cara al arco de Allison Becker.

Cuesta arriba para los italianos, que más que un milagro se enfrentaban a una misión imposible. Anotar cuatro goles y no recibir más en su propia portería. El empate fortuito por autogol de James Milner le dio algo de esperanza.

La Roma se aferraba a las matemáticas, pero el tiempo corría en su contra. Con el reloj de arena extinguiéndose, los errores en defensa se acentuaban y así fue como Georginio Wijnaldum puso el clavo definitivo en la cruz romanista. La ilusión se esfumaba.

El primer tiempo se fue con un halo derrotista en los locales. La Roma se fue al vestuario viendo imposible repetir la gesta, pero salió en la segunda mitad a dejar la sangre en la arena.

Edin Dzeko fue el centurión que comandó esa última cruzada romana. Un gol de él iniciando el segundo tiempo, renovó la alegría en las tribunas. Faltaban dos goles para forzar el alargue, pero sobraba optimismo.

Sin mucho juego, Roma intentó y en ocasiones se salvó de los contragolpes del Liverpool. El tercer gol llego tardío, no sin antes tener la pizca de polémica y escándalo que no faltó en estas semifinales de Champions League. Dos penales que no le pitaron a los locales, uno por mano y otro por falta, enturbió el desarrollo.

El gol de Nainggolan al minuto 86 de poco sirvió para evitar la caída de Roma. Solo añadió dramatismo inerte, lo mismo que el penal marcado en el último minuto, que nuevamente el belga transformó para firmar el 4-2.

El tiempo no ayudó a la esperanza romana, que se desangró en su inexpugnable estadio, pero con la guardia alta. El imperio quedó en llamas ante un Liverpool que tiene un poder de fuego envidiable. Roma ardió, ahora para los ‘Reds’ solo resta la batalla final: saquear a la ‘Casa Blanca’, en Kiev.

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