Una final. Junior tenía en sus pies la oportunidad de hacer historia, de dejar a un gigante en el camino. Boca Juniors, el campeón de antaño, tambaleando como en pocas jornadas. Los rojiblancos necesitaban conectar un golpe al mentón y dejar noqueado a los xeneizes.

El calendario también favorecía a los tiburones. Antes de que empezara la Copa Libertadores, el juego se pactó para las 5:15 de la tarde. En ese momento, nadie presagió que los bonaerenses se jugaran la vida en el estadio Metropolitano.

A matar o morir, el público rojiblanco no le falló a su equipo y colmó las graderías. Se convirtió en tema de ciudad ganarle a Boca y ser la portada delos diarios en Sudamérica.

El partido estuvo caliente desde antes que rodara la pelota y no por el calor barranquillero. En los actos de protocolo, Carlos Tévez no quiso saludar a Teófilo Gutiérrez quien se rió socarronamente, pero la rivalidad estaba cazada.

Junior salió en modo argentino. En los primeros diez minutos, se olvidó de jugar y comenzó a pegar, intentando demostrar así carácter más al estilo del fútbol gaucho.

De inmediato, el árbitro Roddy Zambrano les pidió calma a los jugadores colombianos, antes de comenzar con el reparto de tarjetas. Cuando bajaron las revoluciones, Boca comenzó a dominar el partido y a tener las opciones más claras, haciendo de Sebastián Viera la figura del partido.

Por el trámite, los locales parecían los visitantes. Junior jugaba al contragolpe y aunque llevaba riesgo cuando la tomaba Yimmi Chará, no era claro.

En uno de los desprendimientos de Marlon Piedrahita por derecha, el lateral pisó el área y recibió una infracción por parte de Wilmar Barrios. La jugada dejó mucha polémica, pero el juez ecuatoriano señaló el punto penal.

El encargado de cobrar fue Luis Carlos Ruiz. Luego del penal malogrado por Teo frente a Alianza Lima, fue el turno del otro delantero. Sin embargo, este también falló. La buena para el tiburón fue que el rebote lo favoreció y sin merecerlo mucho, Junior se puso adelante y estaba logrando la clasificación.

Boca sintió el impacto. El gol redujo el ímpetu argentino e hizo que el control en los últimos minutos fuera todo local, pero sin profundidad.

En la segunda parte, Junior equivocó el camino. Raro en su paladar, Julio Comesaña mandó al equipo a retroceder y le cedió el balón a Boca Juniors. Comenzó a crecer la figura de Cristian Pavón. Un jugador con chances de ir a Rusia 2018 con la Albiceleste demostró por qué Jorge Sampaoli lo tiene en consideración.

Por izquierda, Pavón comenzó a desequilibrar y a volver loca a la defensa rojiblanca. En una infracción al borde del área, el pistón tomó el balón, le pegó y el desvío de Luis Carlos Ruiz descolocó a Viera. Empate boquense con justicia.

A partir de allí el juego se hizo más parejo, pero siempre dio la sensación que Boca estaba más cerca de ganarlo que los locales. Teo desapareció, derretido por el calor.

El juego fue llegando a su fin con un empate que sabe a poco para los dos. Ambos quedan con vida, ambos sueñan con clasificarse, pero el juez será un tercero: Palmeiras. De la buena fe de los paulistas dependerá con qué intensidad afronte el juego contra Junior en Sao Paulo. Los colombianos están obligados a ganar para clasificar; los argentinos, a derrotar a Alianza Lima y esperar a que un club brasileño le dé una mano. Sí, los argentinos dependen de los brasileños.

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