París era un infierno. A pesar de la derrota en el Santiago Bernabéu, el equipo de los millones creía que era posible una remontada ante el monarca Real Madrid. Desde aquel juego hasta ahora, mucho cambió en el periplo, sobre todo la ausencia de Neymar.

El crack brasileño decidió operarse de una fisura en el quinto metatarsiano y se marchó a Brasil para continuar con su recuperación, mientras que sus compañeros buscaban la hazaña en el Parque de los Príncipes.

Al borde del fracaso, los futbolistas del club parisino apelaron al ‘como sea’ y en la previa se aliaron con los ultras, la barra brava del PSG. La intención, hacer del jardín del PSG una ‘caldera del diablo’ y así fue. El color, la hostilidad y las bengalas recibieron a los merengues sin cariño alguno.

La efervescencia de las tribunas quiso replicarla el club galo en el terreno de juego. Unai Emery planteó un equipo ofensivo, aunque esta vez sí apostó por un auténtico volante de marca en el centro del campo.

PSG intentaba ser una locomotora, pero el campeón actual no se quedó atrás. Real Madrid fue mostrando su estirpe de campeón, a pesar de no tener en cancha a Luka Modric y Toni Kroos, quienes no iniciaron el juego por algunas dolencias que aquejan.

Los madridistas en cancha tenían a raya a la ofensiva francesa, comandada por Kylian Mbappé. Cuando podían, pegaban un susto, como el que metió Sergio Ramos comenzando el partido o Karim Benzema al término del primer tiempo, que no pudo convertir de cara a Alphonse Aréola.

A París le costaba un ‘everest’ crear situaciones de gol. La más clara de la primera mitad estuvo en los pies de Mbappé, por el joven prodigio no pudo con la resistencia de Keylor Navas. A las duchas y el Madrid a 45 minutos de los cuartos de final.

Poco a poco, PSG fue bajando los brazos. La ausencia de Neymar se sintió más que nada en la parte complementaria, cuando ninguno de los titulares parisinos se animaban a pedir el balón y encarar, dándole el dominio al Real Madrid.

Tener el trámite del encuentro para los merengues es sinónimo de que aparezca Cristiano Ronaldo. Él, quien pasó de príncipe a rey en las últimas temporadas, volvió a tener una de esas noches de Champions y anotó por octava jornada consecutiva, alcanzando el récord de Ruud van Nistelrooy.

El portugués recibió un balón desde izquierda, enviado por Marco Asensio. Por los aires, CR7 se elevó y de testa puso el clavo definitivo en el ataúd del equipo más opulento del mundo. París cayó.

Con algo de pundonor, el PSG intentó una remontada épica, con diez hombres en el campo por la expulsión de Marco Verratti. El premio al esfuerzo llegó en el minuto 71, cuando sin querer queriendo Edinson Cavani se anotó un gol a su cuota goleadora, en un balón que apenas si le pegó en su pierna derecha.

La ilusión de resurrección parisina demoró apenas nueve minutos. Casemiro, en un balón que se desvió en el camino, puso el segundo tanto y sepultó cualquier ápice de remontada.

Los últimos minutos fueron nominales. El jardín de los príncipes se fue incinerando a medida que se agotaba el tiempo. El proyecto de los 500 millones de euros llegaba a su fin antes de tiempo, con su mayor joya en Brasil y con un cúmulo de jugadores que quedarán marcados en la historia. Fracaso.

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