El público a veces se ‘pasa de calidad’. Es un asunto que nunca va a dejar de pasar, pero que día a día toma más cabida en el deporte, donde se supone que los protagonistas no son los que ocupan con fidelidad una tribuna, sino que justamente son aquellos que la gente va a ver desde una gradería. No importa cuál sea la disciplina, pero sigue ocurriendo.

Winner Anacona es un ciclista maravilloso. Hoy su rol es el de colaborar en la estrategia de su equipo como gregario y lo hace con gusto porque el ciclismo, así encumbre a individualidades, es un deporte en equipo en donde cada uno de los corredores tiene una misión que desempeñar y esa tarea resulta más que valiosa para poder aspirar a grandes cosas. Y Winner, con nombre de victoria sobre sus hombros, debió ver cómo un ignorante tremendo le hacía reclamos por su desempeño en la Vuelta a España. Es curiosa la actitud de aquel que se siente en capacidad de cuestionar a otro, es el extraño permiso que se da alguien y el poder que se da a partir de su propio pontificado frente a una persona que no le debe rendir cuentas ni que debe ser sometido a juicios de Nuremberg por cuenta de la insatisfacción y el resentimiento personal de aquel inepto que encuentra apropiado dar esa maldita opinión que nadie nunca le ha pedido.

A través de Twitter, el mentado anónimo se empoderó y se sintió jefe de Winner: se vio armado de argumentos –que insisto, a nadie le importan– para hacerle un reclamo por su desempeño, porque “¡qué tal este tipo perdiendo 41 minutos frente al líder de la carrera! ¡Qué tal Winner ocupando –en ese momento era su ubicación– el puesto 68 de corredores de la vuelta a la península!”. Mejor dicho: ¡para qué corre Winner!

Entonces le escribió, suponiendo que por fin él iba a validar de alguna manera su gris existencia dándole un bofetón a alguien más importante que él. Le escribió cuestionando su capacidad como deportista desde la comodidad del teclado.

Winner le respondió y fue hermoso porque no hubo un día más alegre que ese. Anacona se bajó de la bicicleta y se volcó sobre las teclas de un móvil o un ordenador: “Payaso, si no sabe cuál es mi trabajo y lo que hago dentro del equipo, al que le debería dar vergüenza es a usted. Un pobre acomplejado de la vida que no tiene idea de lo que dice, así que cayadito (sic) y respeto”.

Ya Winner, con ese gesto, es el ganador de la Vuelta a España. O al menos es mi ganador.

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