La rueda de prensa del sábado que dio el entrenador encargado del club, Jersson González, debe estar en el top de las conferencias más tristes de la historia. Con respeto lo digo, porque pocas veces se vio a alguien tan desilusionado y tan decepcionado como González, que le tocó dirigir en el momento más complejo de la institución en los tiempos recientes y que además de padecer el sábado el mal juego de su equipo es hincha rojo como pocos. De ahí la tristeza.

Eso ocurre cuando las cartas están cambiadas y a todos nos ha ocurrido: o el trabajo está difícil o directamente nos quedamos sin él, nuestra vida sentimental pende de un hilo o ese hilo se rompió, los acreedores llaman a nuestro teléfono con insistencia, las pastas a secas son el compañero alimenticio que por ahora se niega a abandonarnos, salir a la calle es un riesgo porque aunque haya un charco a 10 kilómetros de distancia, pasa un automóvil a gran velocidad que nos echa encima ese pozo de agua empozada que cae sobre la camisa blanca que alcanzamos a lavar a mano –porque lógico, se dañó la lavadora en medio de este momento–, para ir a una entrevista de trabajo a la que lógicamente llegaremos tarde mientras pensamos si es mejor ir así, tapizados de barro, o si es mejor aparecer unos minutos después al lugar porque tuvimos que devolvernos a la casa para cambiarnos…

Cada segundo que pasa en la vida cuando estamos en medio de una mala racha es un potencial peligro para la salud mental: si vas en el carro y agarras un hueco, rompiste el radiador justo el día después de que el seguro se venció. Si estás en buena racha, al coger el hueco pasas con el carro por encima y empiezan a salir del orificio puñados de dólares porque no te topaste con una imperfección del terreno, sino con una guaca.

América, como para que recapitulemos en esto de hacer el recuento de malos momentos –que es fundamental cuando se está hablando de una mala racha– es así: en un solo partido de la liga pudo marcar un gol. El resto ha sido aridez pura y el hombre que hizo ese tanto ya no está en el club. Su arquero, que en medio del mal momento era el que no dejaba que se cayeran los trastos al piso, hizo un mal saque y el balón le quedó a un contrario que marcó. Su lateral izquierdo no llegó a la práctica y no supo justificar el porqué de su ausencia y fue sancionado por indisciplina. Al entrenador que contrató no se le entendía casi nada y lo sacaron. Y recibió un gol a los 10 segundos contra Millonarios, tanto marcado por un jugador que le pegó mordido a la pelota, pelota que en tiempos de buena racha sería inofensiva, pero que hoy se elevó y bajó en el momento justo para echar a perder los planes rojos de sacudirse.

Lo dijo Jersson González: ahora el esfuerzo que se debe hacer es mental para cambiar el destino. Pecoso Castro está listo para blandirse a duelo con la mala racha sin temor de espantarse.

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