Echándole cabeza, es extraño que hoy por hoy se esté jugando en Tunja fútbol profesional. Porque de acuerdo con lo que dicen los que juegan allí y los que van a poner sus pies en el estadio Independencia, parece que allá pasan cosas raras.

Antes no era así: la memoria lleva los recuerdos hacia el 2008 cuando el humilde Boyacá Chicó, que se mandaba un equipazo de aquellos, tuvo la valentía de pegar el grito de campeón por cuenta de sus propios méritos en la cancha. Tapaba Prono Velásquez, conducían las ideas del club Miguel Caneo y Víctor Danilo Pacheco, raspaban Johnny Ramírez y Leonardo López… y en el banquillo el gran Alberto Gamero moviendo la batuta. Y en ese campo, Patriotas peleó durísimo para poder conseguir su cupo en primera división.

Hoy la cosa es distinta en todo sentido porque Boyacá Chicó no cuenta con tanto presupuesto como para armar una nómina estelar igual que su compañero de plaza, Patriotas, y su estadio, La Independencia, parece que no está adecuado para estos tiempos de hiperprofesionalismo. Y Patriotas –que hizo ilusionar a todos con su buen juego en el primer torneo– no encuentra la manera de establecer un rendimiento parejo en lo que va del Finalización.

En ese césped que pisaron entre otros Gremio de Porto Alegre y Universidad de Chile, se podía jugar porque era una mesita de billar. Probablemente el premio a mejor grama se lo llevó durante años ese lugar.

En los últimos tiempos, los parches fosforescentes y el terreno escarpado hacen ver su pasto como uno de los más inestables. Ya las consecuencias las acarreó en la última jornada Sebastián Viera que, al mejor estilo de Paul Robinson en aquel partido Croacia-Inglaterra, dio una patada hacia la nada mientras que el balón daba botes imposibles de predecir hasta entrar en su propia portería.

Y ni hablar del fantasma que al parecer ha cortado definitivamente el suministro de agua en el vestuario visitante, no importa que el local sea Patriotas o Boyacá Chicó. De acuerdo con las quejas presentadas en su momento por Miguel Ángel Russo, técnico de Millonarios, y la que puso el sábado Julio Avelino Comesaña, director técnico del Junior –antes de ellos dos hubo quejas similares– habría que poner en cintura a los que hacen el mantenimiento del sitio. Patriotas se excusó en su momento argumentando que Indeportes no  había reparado una motobomba que se usa en el vestidor de los forasteros. Pues parece que la arreglaron mal porque volvió a ocurrir.

Tunja es una ciudad muy grande como para tener un estadio en esas condiciones. Y que los demás vayan a jugar allá para sufrir viejas mañas de los ochenta mandadas a recoger tampoco es bueno.

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