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Mientras te das a conocer

Existe una combinación de cinco palabras en cuyas implicaciones muy pocos reparan, pero que impune circula por ahí, destruyendo sueños. Gracias a ella ha germinado un sinfín de especulaciones, explotaciones y algunos otros vicios tan propios de nuestra economía. Se trata de un mantra mentiroso y aun así convincente, venido casi siempre de labios de empleadores esclavistas, contratantes oportunistas, galeristas explotadores, gente inescrupulosa de medios y de otros especímenes no tan deseables de esos que abundan en el mundo. Me refiero al en apariencia inofensivo “mientras te das a conocer”. Esa consigna bajo cuya lógica suelen ampararse innumerales ‘marraneadores’ y ‘negreros’ de oficio, particularmente vinculados en posiciones administrativas con sectores próximos a la creatividad, la cultura, el espectáculo o al pensamiento humanístico, aunque también presentes en cualquier otro ámbito imaginable.

Es el lema predilecto de quienes andan por ahí al acecho de jóvenes profesionales, e incluso de otros no tan jóvenes ni tan profesionales, con el objeto de contratarlos bajo tarifas ridículas y de sacar vil usufructo de su talento e ingenuidad bajo la consigna del consabido “mientras te das a conocer” (en adelante MTDAC). Los efectos corrosivos para el bolsillo, la autoestima y la tranquilidad derivados del MTDAC suelen ser subestimados por el establecimiento, casi siempre enristrado contra el trabajador novel o independiente.

Cualquiera con un mínimo kilometraje en el ruedo laboral, aun cuando sea de un par de meses, habrá sido testigo de algún episodio clásico de MTDAC, manifestado en sus múltiples derivaciones: “tú necesitas darte a conocer”. “Este primer trabajo sería no remunerado, pero te darás a conocer, mostrarás tus capacidades y de pronto te contratamos”. “Haznos este gratis, te das a conocer y seguro las próximas veces te seguiremos llamando”. “Publica tu texto (también cabe para ilustración, animación, canción, poema o cualesquier otra pieza artística) en nuestra página web gratis (o incluso paga) y te garantizamos que te darás a conocer”. Estos y por el otro millar de variables pronunciadas con la misma indolencia disfrazada de ánimo suplicante.

Espero, como es usual, no se me malentienda. En ningún momento pretendo manifestarme en contra de las muestras gratis, los canjes, las pasantías, prácticas y voluntariados pensados estratégicamente con fines ulteriores de abrir nexos o favorecer aprendizajes. Tampoco soy un descorazonado de esos que no entienden las ventajas de eso que hoy llaman ‘economía solidaria’. Pero ya con los resabios de mi mediana edad y la suerte de ‘inmunidad geriátrica’ de quienes nos sabemos curtidos en este arte del ‘rebusque’ o ‘freelanceo’ (para hacerlo sonar sofisticado y anglosajón), hoy encuentro oportuno dirigirme a los más jóvenes con una súplica disfrazada de consejo:

“Muchachos, muchachas, jóvenes y ‘jóvenas’, profesionales acomplejados con algún recorrido, artistas, ilustradores, publicistas, periodistas, realizadores audiovisuales, debutantes y miembros activos ya resabiados del horrendamente denominado ‘mercado laboral’: oigan las palabras de quien lo ha padecido en alma propia… antes de ceder sin reparos a la manoseada retórica del MTDAC, consideren cómo y a cambio de qué lo están haciendo”. No vaya a ser que se lleguen a la alborada de su jubilación en el mismo estado de algunos conocidos de este ‘inmodesto servidor’, cuyo destino en silencio lamento. Por andar embebidos en eso de “darse a conocer” ya completan treinta años esperando a que los conozcan y próximos a mal-jubilarse. Hasta el otro martes.

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