Tantas veces lo vi recorrer ese canal derecho. ¡Tantas! Era aquel Millonarios de 2009 y 2010 lleno de desconexiones, dirigido por Luis Augusto García y que se estaba cayendo a pedazos por cuenta de su pésimo nivel en la cancha y sumando los trastornos que surgían en el proceso de privatización del club.

Fue por esos años en los que Elvis Perlaza desempacó maletas en la capital. Fácil no fue para él: en el plantel debió compartir con jugadores muy discretos. Andaba en el arco el uruguayo Juan Obelar, por ejemplo. Adelante, como número 9, Hernán Boyero; en el medio, el paraguayo Esteban Ramírez, John Ulloque y Christian Subero. Le tocó vivir varias noches complicadas, en especial aquella en la que el azul perdió 2-0 en casa frente al Tuluá. Fue la famosa noche en la que el portero Obelar fue reemplazado apenas terminó el primer tiempo por su desastrosa actuación.

Ese día, Perlaza y sus demás compañeros abandonaron la cancha en medio de protección policial y fue una de las últimas salidas del lateral con el uniforme del equipo bogotano. Hizo parte de ese inventario interminable que Millonarios hacía cada temporada en los que acumulaba nombres que fracasaron rutilantemente.

Era un niño: 21 años y el sueño de triunfar en la capital se esfumaba. No importaba entonces sus buenas campañas con Envigado porque no había sido capaz de destacarse con un club grande. En general, el hincha de Millonarios no guarda un buen recuerdo de Elvis Perlaza.

Con su pinta de ‘Depredador’ siempre buscó Perlaza volver a tener el chance dentro de un equipo grande, pero no resulta tan fácil ganarse esa confianza debido al precedente azul. Entonces debió seguir su camino resignándose a objetivos diferentes a los de levantar una copa, por ejemplo. Lo suyo era el duelo por pelear puntos que sumaran en una flaca bolsa de un club con ganas de coquetearle a la segunda división. Por eso, en Boyacá Chicó su fotografía pareció hacerse eterna. En Fortaleza bajó a la B y en el Huila, durante su regreso, pocos días antes de la Navidad del 2014  estaba sometiéndose a un arreglo capilar cuando los ladrones lo sorprendieron: él y todos los clientes de la peluquería terminaron trasquilados. Como que siempre le faltaba algo de suerte a Perlaza para regresar a las grandes ligas.

Con Néstor Craviotto y el sorprendente Huila del torneo pasado encontró la oportunidad esperada durante tanto tiempo: el Medellín lo quiso y él se fue pensando en romperla. Lo está logrando. Con un look distinto al de antaño, Perlaza en El Campín voló. Armó la jugada del gol de Cano y atacó siempre con peligro por su sector.

Se fue en medio de esos aplausos que no pudo cosechar en aquel aciago 2010.

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