A escasos 15 días de la posesión del presidente electo Iván Duque, gobierno que tendrá grandes desafíos para enfrentar la situación en la que recibe el país, no será una tarea fácil sin lugar a dudas, pero será una gran oportunidad para demostrar que se puede gobernar con transparencia, objetividad y representando los intereses de todos los colombianos, con un gobierno incluyente, lejano de sectarismos y sobre todo que convoque a todos los sectores de la sociedad para que los logros sean de todos y cada uno de los ciudadanos. Si le va bien a Duque y a su equipo, nos va bien a todos. Ojalá esto lo comprendan todos aquellos que llaman a la división y a odios.

Los buenos deseos son infinitos, como los desafíos, pero resulta muy bueno hacer una mención objetiva de lo que recibe el gobierno entrante. Deberá en primer orden desmontar la contratación directa de la Presidencia –la cual está en más de 41.000 millones, cuando antes de 2010 no llegaba ni a 300 millones–; también la estatización del empleo y la burocracia, la cual fue un factor determinante en el gasto público actual: cerca del 40% del aumento de nómina en el Poder Ejecutivo. Uno de los más absurdos fueron los más de 70 decretos para aumentar la burocracia mediante agencias, las cuales en muchos casos hacían las mismas funciones que otras entidades, sencillamente por un arribismo que exacerba.

En el campo de seguridad pública, ni hablar: las mal llamadas disidencias de las Farc, junto con el Clan del Golfo y el Eln, se encargan del control territorial en las regiones donde el aumento y expansión de los cultivos ilícitos se han desbordado –recordemos que hoy tenemos en el territorio nacional más de 210 hectáreas de narcocultivos–. El aumento de la deuda pública ha llegado a porcentajes alarmantes del PIB: cerca del 60% y un aumento cercano al 55% referente a lo que teníamos en 2010. El endeudamiento por vigencias futuras al 2048 es sencillamente vulgar: nos dejan casi empeñados por funcionamiento e inversiones (como el puente que tuvieron que derrumbar en la Vía al Llano hace escasos días).

En infraestructura, también ni hablar. Todas las vías terciarias del país se encuentran totalmente abandonadas, destruidas y sin asomo de recuperación por parte de la Administración que por fin se va: entre 2002 y 2010 se pavimentaron cerca de 2300 km, frente a 62 km de vías terciarias que pavimentó la actual Administración. En 2010 cerca de 2166 km de nuevas calzadas fueron adjudicadas, pero esta Administración se vio a gatas desarrollando tan solo 1400 km. Las reservas de petróleo en 2010 llegaban a 2050 millones de barriles, hoy se redujeron a algo más de 1600 millones. En actividad exploratoria hoy no llegan a 45 los nuevos pozos de crudo.

Finalmente, una de las más desastrosas operaciones antieconómicas del gobierno que por fin se va es la enajenación de Isagén, que se regaló a precio de huevo como quedó demostrado en nuestro expediente que hoy cursa en el Consejo de Estado, con el falso e icónico pretexto de invertir esos recursos en las llamadas vías 4G, asunto que debería llamar la atención y ser escandaloso: hoy hay 30 proyectos de los cuales 14 tienen graves problemas con la construcción, diez no se han empezado a construir y seis aún no cuentan con cierre financiero; la Ruta del Sol quedó totalmente paralizada, para no mencionar los reparcheos absurdos de mala calidad y los cierres constantes de la vía. Los desafíos de Duque no son de poca monta, por lo cual el apoyo a él y a su equipo debe ser una constante. Si le va bien a él, nos va bien a todos.

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