Existe una sutil y a la vez profunda diferencia entre aprender del pasado y vivir en él. Todo conocimiento que tengamos, seamos o no conscientes de ello, viene de nuestras experiencias pasadas, unas para bien, otras para mejor, y esto es algo muy importante que debemos tener siempre presente, ya que muchas veces renegamos del pasado y todo lo que en él vivimos sin entender que es gracias a eso que somos lo que somos hoy en día.

Negar el pasado nunca será una buena alternativa, ya que sería lo mismo que negarnos a nosotros mismos. Vivir en él jamás será una buena opción, porque viviríamos anclados sin poder avanzar, ya sea en la nostalgia de lo que creemos fueron tiempos mejores o en el constante reproche y castigo que tendríamos para nosotros mismos por aquello que pudo haber sido y no fue. De manera que en cualquiera de los dos casos estaríamos encerrados en un escenario de infelicidad, frustración y, seguramente con el pasar del tiempo, depresión.

Aprender del pasado es ganar en experiencia, sin embargo, no es tan sencillo como decir que queremos aprender de él y volvernos al instante más sabios. Es un proceso donde debemos aceptar que todo pasa por una razón, la cual habitualmente es una lección, y que nuestro maestro puede ser cualquier persona o situación, ya que solo da contexto a lo que debemos vivir. Además, la intensidad, profundidad y alcance de la lección solo las determinamos nosotros, según qué tan dispuestos a aprender estemos.

Aprender del pasado es tener la humildad para reconocer que nos equivocamos, la capacidad para analizar nuestros errores, la fuerza de voluntad y determinación para corregirlos y, sobre todo, comprometernos con nosotros mismos para no volver a cometerlos.

Y no aprendemos únicamente de las embarradas que hayamos cometido, también podemos aprender de aquellos momentos en los que hemos sido felices y sentido a gusto y plenos con nosotros mismos, porque aprendemos cómo originar esos momentos para recrearlos cada vez mejor, multiplicarlos y lograr que nuestra vida pueda tomar otro rumbo, de acuerdo con nuestras expectativas.

Seguramente una de las lecciones mas valiosas y –no me cabe duda– generalizadas que nos puede dar el pasado es que debemos vivir el hoy, entregarnos al presente con total intensidad, dando a cada instante lo mejor de nosotros, bien sea para aprovechar el momento o para no volver a equivocarnos. Vivir así cada día una y otra vez descubriendo todo lo que podemos ser y dar en este preciso instante de nuestra vida es algo que solo podremos lograr si dejamos el pasado atrás y liberamos ese espacio en nuestra mente para disfrutar el presente.

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