Neymar da Silva Santos Júnior con la pelota en los pies es un genio del fútbol. Sin embargo, todos lo sabemos, hay un pero, y no es de ahora, y ese pero en esta Copa del Mundo ha pasado de castaño a oscuro.

Son dos caras de la moneda dentro del marco del mismo juego. La primera es la que llena la retina de quienes amamos este deporte: su técnica, su velocidad, su capacidad de ir a mil por hora y hacer regates e invenciones, su definición, gambeta, media distancia, visión, todo lo que hace Neymar con los pies es fútbol pletórico y eso lo ha puesto como uno de los mejores jugadores de la historia de Brasil.

¿Notó usted que mencioné en el anterior párrafo las palabras ‘invención’ y ‘visión’? Pues en la otra faceta de Neymar en una cancha también se repiten para mal. Es cierto que a veces esa “malicia indígena” ha formado grandes capítulos del balompié, por ejemplo ‘la mano de Dios’ de Maradona, pero con Neymar el tema ya no es un asunto de viveza, es un asunto de payasada.

Invención al máximo punto y visión para ver qué diablos de provecho le saca a eso más allá de sacarle la piedra al rival y a más de media humanidad, perder tiempo y en esa calentura que él genera, hacer echar a un tipo del otro equipo que no aguantó más y lo agredió.

Ahora bien, es cierto que jugadores como Neymar muchas veces solo pueden ser detenidos por su enorme talento al son del juego violento. De acuerdo, a Neymar le dan y muchas veces, la cosa es fuerte. Pero de diez faltas, doce involucran una acción que saca de quicio hasta al santo Job.

Pasa el viento, un jugador disputa un balón con el brasileño, lo toca y de inmediato se genera una acción desmedida que inicia en un salto, pasa por 47 revolcadas, muchas de estas que no logra el más experto bailarín de mapalé o break dance. Luego viene ese gestico de dolor en su cara, la boca abierta de par en par como si lo estuvieran torturando bajo las técnicas terribles de la inquisición de Torquemada, es como si un hierro caliente le estuviera entrado por el trasero. Luego se levanta como si nada, mete tres enormes jugadas, hace dos goles, un pase gol y es la figura. A eso adicione que en varias celebraciones mandar a callar a los hinchas, sale con una declaración ‘cobrando’ y se va con una sonrisa cómplice sintiendo que cumplió.

Y sí que cumple y lo hace en las dos facetas: la del juego como tal y la del drama y la sobreactuación. Es que ni el vallecaucano Orlando Duque logra saltos como los que le he visto a Neymar cuando se revuelca ante una falta.

Y en este mundial no solo el hincha raso se mamó. Lo hicieron tipos expertos en este deporte como el profesor Juan Carlos Osorio y glorias como el inglés Gary Lineker, quien dijo con ironía que Neymar podría ser el jugador de fútbol con el umbral de dolor más bajo de la historia.

Contra México, Neymar despedazó la defensa rival con su talento, pero también despedazó la paciencia. Para algunos esa forma es válida, pero sí creo que con eso pierde el fútbol. Quienes hemos mordido la grama o el lodo jugando, sabemos que hay que aguantar, que no se puede estar chillando, que hay que tener entereza y dignidad para aguantar el juego, así sea fuerte. Y que, ante todo, es mejor el talento que la sobreactuación y la lloradera.

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