En mayor o menor medida todos tenemos (o hemos tenido) miedo al cambio, a lo diferente, a lo imprevisto, como si la incertidumbre fuese nuestra enemiga y no pudiésemos dar un par de pasos sin ver el camino completo. Somos seres de costumbres, y muchas veces permitimos que estas lleguen a tener tanto arraigo en nosotros que se convierten en pesadas anclas que no nos dejan mover.

Nos quedamos con la comodidad de lo conocido, con la certidumbre que da no arriesgar, y eso nos impide descubrir las opciones que cada una de las situaciones de la vida nos ofrecen. Temer a lo impredecible es vivir con una venda en los ojos, es tratar de caminar a ciegas sin avanzar realmente.

Y no es que tengamos que dar un salto al vacío o arriesgarnos en cada decisión que tomemos, más bien es cambiar la manera en que vemos las cosas y cómo las abordamos; si vemos no como una amenaza el cambio ni como un ataque directo contra nuestro estilo de vida, sino como una oportunidad, podremos definitivamente bajar nuestra resistencia ante la situación.

Quien se queda estático ante la vida lo único que podrá “hacer” es verla pasar frente a sus ojos, sentado en la comodidad que le brinda su costumbre a una vida vacía, eso si logra resignarse como para soportarlo y estar atento para al menos verla pasar. Sin embargo, quien acepta lo impredecible como parte de la cotidianidad, poco a poco empieza a ver la vida desde otra perspectiva, ya que gracias a lo impredecible hayamos nuevas posibilidades, abrimos nuestra mente y entendemos de otras formas nuestra propia vida.

Si algo no te gusta de tu vida, de tu entorno, de eso que estás viviendo, deja de enfocarte en las razones que llevan a que no te guste y empieza a tratar de pensar fuera de la comodidad de tus quejas, ya que allí solo vas a encontrar más de lo mismo, y no hay opción de cambio; pero en lo desconocido puedes encontrar esperanza de que las cosas no sean iguales una y otra vez.

Seguramente no será fácil y el resultado no se dará a la primera, pero es mucho mejor arriesgarse para descubrir y aprender, a vivir sin ningún avance y repetir una y otra vez cada día de la vida. Si aquello que vives hoy no te llena, si crees que puedes lograr más, pero le temes a cambiar, empieza a ver lo impredecible como la suma de las posibilidades que pueden hacer de esa plenitud y felicidad que tanto anhelas una realidad, arriésgate y descubre lo que pasaría si tan solo das un paso más allá de lo que te resulta cómodo y familiar.

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