Hoy pienso en la neutralidad como aliada de la injusticia. Y apelo a quienes aún se rehúsan a combatir la infamia bajo el paraguas de la imparcialidad. A los del “no sé / no respondo”. A los de: “no se sabe cuál es peor”, cuando, en efecto, su conciencia se los grita al oído. A los que “se reservan sus opiniones” y también a los que aún creen que esto es cuestión de banderas y colores… o de zurdos, diestros y ambidiestros. También a esos indecisos que equiparan los defectos de unos con los reprochables crímenes de otros.

Siento pánico de aquellos a quienes intimida más el castizo término ‘izquierda’ que el barbarismo ‘motosierra’. De los que subestiman el poder destructivo y opresor ya comprobado en uno de los contendores. De la desinformación y la amnesia. De quienes con ingenuidad bienintencionada, silencio o aprobación tácita escogen respaldar el statu quo bajo la esperanza de que el segundón de ‘vocación’ “se le voltee” al patrón, empujados por la fobia inducida a que el opositor “vaya y nos deje a todos en la calle por andar repartiendo plata entre los ‘arrancados’ y espantando inversionistas”, o porque “no le creen nada”. De quienes ven más amenaza en un aguacate que en el fracking.

Profeso terror por esos que limitan sus consideraciones electorales al plano de la economía o que degradan la equidad a “quitarle al rico y darle al vaciado”. Por quienes rebajan los debates al plano clasista mediante calificativos como ‘guerrillero’ o ‘manteco’. Por los que recitan la retórica vacía del ‘castrochavismo’, el ‘comunismo’, la “segunda Venezuela” y el “‘Timochenko’ Presidente” sin que medien raciocinios. Por quienes anteponen odios, vanidades y complejos de clase a la paz. Por aquellos que se autopromocionan como jóvenes renovadores y en simultánea respaldan el retorno al concordato con la criminalización del consumo de cannabis o descalificando las conquistas de aquellos a quienes sus prejuicios etiquetan como ‘no heterosexuales’. Por los que se proclaman de avanzada, aunque su aversión ‘de clóset’ a lo nuevo les haga considerar “menos pior” perpetuar una tradición de abusos y explotaciones. Por quienes forman su cultura política a partir de memes.

Me admito horrorizado con los extractivistas. Con los antropocentristas depredadores del planeta y con quienes aún no asimilan que el verdadero enemigo son ellos. Con quienes aún llaman ‘mamertada’ apostarles a energías sostenibles y a la agricultura. Con los crédulos replicadores de fake news… vectores de la calumnia. Con una clase media alarmada ante la perspectiva de perder unos privilegios que ni ha ostentado. Con quienes predican su repulsión por toda dictadura, pero toleran que un solo actor monopolice el poder. Con aquellos que pretenden exterminar a los únicos entes revestidos de facultades constitucionales para fiscalizarlos. Con los que no entienden que mejor es un presunto mal administrador con opositores que un dictador a quien los cuerpos legislativos aplaudan en pleno.

Y me desconsuelo, gracias a quienes consideran ‘menos grave’ un proyecto gubernamental agazapado bajo la sombra de decenas de miles de muertos, de una censura anunciada a medios, de la supresión de libertades, de la negación a las diferencias y, sobre todo, de un dream team de escuderos cuestionados por la justicia, quemalibros, exterminacionistas o encarcelados. Por lo mismo, ante tanto temor, ‘despídome’ con súplica: colombianos… si ustedes también temen: ¡participen en la próxima consulta antiuribista! Hasta el otro martes.

 

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