El tiempo pasa. Si no, pregúntenle a alguien menor de 30 o incluso de 40 años dónde queda el Segundo Puente. Si no pone cara de sorpresa empieza a especular. “Ah, el de la 100; mentiras, el de la calle 127”. Sin embargo, quienes ya tenemos nuestros años encima a ratos seguimos utilizando ese nombre para orientarnos. “Ese parque queda un poco más al norte del Segundo Puente”. “Eso se consigue más barato en el Segundo Puente”.

El Segundo Puente nació con la autopista Norte, que se inauguró en 1956. Estaba en la mitad de la nada (o de casi nada), permitía atravesar los entonces dos carriles de la autopista (uno en cada sentido) y hacía posible llegar a las pequeñas quintas en ambos costados, que fueron características de lo que hoy se conoce como Cedritos hasta bien entrados los años 70, cuando la ciudad comenzó a tragarse esos potreros. En un territorio más que todo de potreros y casas campestres, el Segundo Puente era una referencia indispensable en un territorio sin nomenclatura. Los barrios comenzaron a formarse poco a poco a mediados del siglo pasado en antiguas haciendas que fueron loteadas. Estaban comunicados entre sí por trochas y las pocas calles con que contaban estaban sin pavimentar.

Hoy día, el Segundo Puente viene siendo en realidad el sexto, pues en la Autopista ahora hay tres puentes sobre la calle 92; luego está el antiguo primer puente que es el de la 100, y el de la avenida 127. Por no hablar de los puentes peatonales de las distintas estaciones de TransMilenio que también atraviesan la autopista Norte.

Del puente original no queda ningún rastro. Era una estructura angosta de apenas dos vías, una en cada sentido, y que se caracterizaba por su pendiente acentuada. A este lo reemplazó uno mucho más ancho y con menos pendiente, a la altura de la avenida 134. Muy cerca de allí está la estación de TransMilenio de Alcalá, y algunas cuadras al sur, la de Prado.

El costado oriental es más que todo residencial de clase media alta. Un sector más bien tranquilo, si se exceptúa el tráfico denso de la 134. De la 134 hacia el sur predominan conjuntos residenciales cerrados como Santa Coloma y altos edificios. El costado occidental lo ocupan los barrios Prado Veraniego (de la avenida 134 al sur) y Spring, en el costado norte. Son barrios mucho más animados, de gran actividad comercial, muy conocidos por sus talleres de mecánica, sus mercados populares y sus almacenes de cerámica para baños y cocina. Buena parte de la actividad comercial de Prado Veraniego está en la Paralela y la carrera 45A, así como en la avenida 129. Han perdido parte de su vocación residencial y quedan muy pocas huellas de su pasado campesino, pero aún mantienen esa vitalidad propia de los sectores populares bogotanos.

Sigue Leyendo

columnas

columnas

El viejo y el nuevo Dorado

columnas

Destacados

Queen

¡Estos millennials!

¡Destrucción Más IVA!

El viejo y el nuevo Dorado

Marchando