Hay cosas que suceden y te toman por sorpresa, cosas que no ves venir y ni te imaginas, y aunque algunas veces no te sucedan de manera directa a ti o a tu circulo más cercano, te tocan e impactan con gran fuerza, pero a esto ya volveré más adelante.

Debo confesar que me importa un soberano carajo el ‘qué dirán’, sobre todo porque quienes critican la gran mayoría de veces lo hacen desde la frustración de lo que no pueden hacer y con el veneno que les genera la envidia que sienten ante una idea que tienen, sin conocer la realidad ni el trasfondo de las cosas. De manera que haga o no, igual te van a criticar, por consiguiente, es mejor hacer en vez de detenerse por lo que otros van a decir o pensar (particularmente porque pocas veces piensan y de esto surge su manera de actuar). Y ojo, no es que sea sordo o ciego ante la crítica, por el contrario, la considero altamente enriquecedora, mas no dependo de ella.

Sin embargo, no es ese ‘qué dirán’ del juicio a priori que muchos suelen hacer el motivo de estas lineas, sino otro más profundo. Al comienzo hablaba sobre las cosas que suceden sin previo aviso y nos impactan, y ese fue el caso de la semana pasada, cuando me enteré de la muerte de una persona que conocí por temas laborales y quien había dedicado su trayectoria profesional a sensibilizar y educar.

Al conocer la noticia, lo primero que vino a mi mente fueron pensamientos positivos, opiniones buenas sobre su manera de ser y de trabajar, y no pude evitar pensar en qué dirán de mí cuando muera. ¿Qué crees que dirán de ti?

¿Cual es tu legado, tu huella? ¿Has sido alguien bueno con los demás, amable, cálido?, ¿alguien que dará gusto recordar? ¿O por el contrario eres una persona déspota, orgullosa, con más ego que cualidades o capacidades? ¿Eres el tipo de persona que irradia alegría y tranquilidad con su presencia o todos están más tranquilos gracias a tu ausencia?

Bajo ninguna circunstancia debemos hacer las cosas por ‘el qué dirán’, por agradar o complacer a otros aun a riesgo de desagradarnos a nosotros mismos, pero claramente es importante reflexionar sobre qué tipo de impacto generamos en nuestro entorno, si ser amables y buena gente es una postura para con quien nos conviene o realmente una actitud ante la vida; si preferimos ser o aparentar.

Siempre seremos nuestros peores jueces, los más severos e implacables, pero tratando de ser  objetivos con nosotros mismos, ¿qué tantas cosas buenas podrían decirse de ti mismo si este fuese tu último instante de vida? ¿Qué tanto disfrutas de tu propia compañía?

Nadie tiene su tiempo asegurado, por eso, conviene hacerse preguntas de peso y buscar respuestas a estas, las cuales deben venir a manera de cambio de actitudes y hábitos para ser una mejor versión de nosotros mismos, para disfrutar más de lo que somos y no perder el tiempo pensando en lo que otros quieren que seamos, de forma tal que cuando sea nuestro último día, podamos dejar en los demás el mismo brillo que causamos a quienes más nos amaban en el primero de nuestros días.

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